Con esfuerzo y no con privilegio: PUMAS, Campeón

07 Junio, 2009
Más articulos
user_pic
Miguel Ángel López Flores
  • contacto

Escrutinio No. 26

 

Esta quincena es especial. La presente pretendía abordar a los reality shows de moda. Pero, Hazme Reír, un programa de comedia barata y pseudo defensora de los derechos humanos, y otro, de TV Azteca –que sólo Dios sabe cómo se llama-, más gris que el pavimento, dan tanta flojera y son tan banales que, preferí reajustar la agenda y escribir entorno a la pasión por los Pumas de la Universidad. Sí, el fútbol, más mundano que nada, sólo por eso, llega al corazón y se queda ahí, saca lágrimas y despierta el espíritu. Comencemos.

Corría el año 1999, su servidor en secundaria, y la vida me presentaba una pasión, una institución que no me prometía nada, sin embargo, mi juventud inmediatamente se enamoró. Los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) entraban en mi vida con la simple promesa de buen futbol, muchas ganas y, sinceramente, ser campeón, ni por la mente. No importaba, fue un flechazo.

Lo primero fue conocer el pasado de esta gran institución. Figuras como Cabinho, Hugo Sánchez, Ricardo “Tuca” Ferreti, Alberto Etcheverry, Jesús Olalde, Manuel Negrete, Luis García, Jorge Campos, Miguel España, Enrique Borja, Leonardo Cuéllar, Luis Flores, Alberto García Aspe, entre muchos más, hacían soñar a quién fuera. No fui la excepción.

Hablar de un club fundado el 28 de agosto de 1954, con tres títulos de liga no era cualquier cosa, además, su sede en el glorioso Estadio Olímpico Universitario, me encantó; lo mejor en mascota: un puma, felino recio, astuto y noble, cautivó mis ganas de ser fan; me sumé a su gran afición generacional… en fin, irle a Pumas significaba un gran reto. Aceptarlo, era una necesidad.

Llegaba la vida preparatoriana y el conocimiento se convirtió en pasión. Partido tras partido, alegrías y adrenalina, derrotas y apuestas pagadas, se hicieron contante en mi camino. Ir al Olímpico Universitario, al Estadio Azul o, con mucho más peligro, al Estadio Azteca por Calzada de Tlalpan, era una aventura: treinta pesos en la bolsa, mi credencial de elector o de la Prepa 6, llaves, mi amada bufanda de cincuenta varitos, mezclándose con los jerseys mojados por la lluvia y quemados por las bengalas, y la emoción de ver a Pumas ganar, llenaban mi alma de energía y orgullo.

Los amigos, siempre pendientes y, aunque no lo crean, la hermandad de las barras y las porras comulgando entorno al azul y oro eran un motivo más en este amor pambolero. Magia pura.

Copa Libertadores, Torneos de Liga, Liguillas y demás partidos oficiales y amistosos ocupaban parte de mi agenda. Faltar al trabajo sin permiso ni justificación oficial, llegar desvelado, golpeado por la policía, triste y enojado a la escuela no importaba, era por “ir a ver a los Pumas de mi vida”, no había problema. Así, corrieron los años 2000, 2001, 2002 y 2003. En 2004, todo cambió.

La ilusión de ser campeones llegó con Hugo Sánchez en la dirección técnica, y, en la cancha, Francisco Fonseca, Joaquín Beltrán, Sergio Bernal, Leandro Augusto, Dario Verón, José Luis “parejita” López, Ailton da Silva, Israel Castro, Gonzalo Pineda, Gerardo Galindo, Jaime Lozano, Ismael Iñiguez, Joaquín Botero como los guerreros que darían la vida por el equipo.

2004, completó mi pasión: bicampeonato de liga, campeón de campeones, Trofeo Santiago Bernabeu. Año de ensueño y matrimonio eterno para muchos que, como yo, festejaron los triunfos y aprendieron en la derrota.

En 2005, tras el descenso y fracaso de la gloriosa “era Hugo Sánchez”, el equipo universitario entró en crisis. Miguel España y Miguel Mejía Barón no vieron la luz y se fueron dejando a Pumas al borde de la Primera “A”. Ricardo “Tuca” Ferreti llegó a salvar el orgullo azul y oro.

La afición auriazul jamás cayó. El Club Universidad Nacional le apostó a la continuidad y a la cantera para escalar, una vez más dentro del futbol mexicano. Ser el “equipo chico dentro de los cuatro grandes” pasó a la historia y Pumas ganó, con base en un montón agallas y en muchos pares de blanquillos, el respeto y la jerarquía como uno de los mejores equipos de la década.

Tras jugar liguillas constantemente, llegó a la final del Apertura 2007, perdiéndola contra el Atlante. El resultado, tras la derrota y el subcampeonato, dentro del equipo del Pedregal: seguir en la misma línea de trabajo, sin contrataciones ostentosas y bajo perfil en medios. En 2009, diez años después de encontrarlo, la alegría vuelve al corazón de este humilde servidor.

Y sí, motivo de todo lo anterior es el sexto campeonato de Pumas. Ir a la final de ida en Ciudad Universitaria, ver a niños y grandes cantar, lanzar goyas y no flaquear ante la lluvia, esperando la gloria, cual devoto ante su dios, al equipo de mis amores entregarse en cuerpo y alma, anotar gol y hacer que el pebetero y el mural de Diego Rivera rugieran no se compara con nada. Olvidar un poco las penas y las crisis, las enfermedades y las guerras es incomparable.

Nada más en ese jueves importó. Ni que Felipe Calderón Hinojosa, fiel a su matrimonio empresarial con los más pillos, apoyara a Pachuca y a Gamesa, con tal de que Vive México se legitimara; mucho menos que Marcelo Ebrard, haciendo una copia barata de éste, ensuciara el palco universitario con su galletero proselitismo político. Los auriazules, por sí solos, y sin noticia ni causando polémicas, daban el primer zarpazo, mismo que seria letal.

La corona tenia que llegar en domingo, en casa ajena y ante el equipo más inflado de México: Pachuca. Dos goles más le daban a Pumas su sexta estrella. 55 años de una vida honesta y caracterizada por una cantera siempre exportadora de talentos, posicionan al equipo universitario dentro de los más grandes en el futbol nacional. ¿Es el mejor?, lea y decida.

Lo mejor de Pumas es el ambiente y el espíritu que rodea al equipo, la raza que se hace presente con su entrega incondicional en un estadio grande y majestuoso. Y sí, un equipo grande lo hace el esfuerzo, no el privilegio. Ni lujos, ni padrinos, ni gobiernos, nadie ni nada apuesta en Pumas. Sólo su gente.

Por eso y por todo lo anterior, Pumas es el más grande, el mejor y el que merece ser vitoreado por México, hoy y por seis meses más. Gracias campeón, gracias Pumas de mi corazón. ¡Salud!


¡México, Pumas, Universidad. Goya, Goya, Cachún chachún ra ra, Cachún chachún ra ra, Goya, Universidad!

rss

Comentarios

  1. 1

    10 JUNIO, 2009

    NERON Dijo:

    Que mama de eses consejes, que chafe este tu columne este semane. me dusrmio a los pies de la mery. jajaja

  2. 2

    10 JUNIO, 2009

    LAU

    Esta padrisima tu columna!!!

    felicidades y como buena puma...

    goooooooooooooya!!!

Deja Un Comentario


Escribe tu nombre.
Escribe tu correo.Correo no valido.
Url no valida.
Campo vacio.

*Cualquier etiqueta HTML sera eliminada.