Sin elección
La televisión es el referente nato en el desarrollo de cualquier cuestión de interés público, los asuntos que informan en sus señales impactan en el quehacer cotidiano, como afirmación o negación de un hecho dan sentido a cualquier suceso plasmado en sus espacios.
Sin embargo, a nuestras principales cadenas de televisión este quehacer es uno de tantos que no ejecuta con la eficacia necesaria. Como muestra la cobertura realizada el pasado 5 de julio durante la jornada electoral.
Con una gran infraestructura y poca innovación en la cobertura, tanto Televisa como TV Azteca desplegaron a sus reporteros a las ciudades más importantes del territorio nacional donde se llevarían comicios para el Ejecutivo local, además de las diputaciones federales, con la única encomienda de cubrir el arribo de los candidatos a las casillas y dar cuenta de los resultados preliminares, información no desdeñable, pero si prescindible cuando a la par de ésta el acarreo, el clientelismo o la vitrina de gobernadores con aspiraciones futuras se desarrollaron a plenitud.
En la Delegación Coyoacán, por ejemplo, integrantes del Gobierno del Distrito Federal semanas antes de los comicios visitaron domicilios de la demarcación y en el desarrollo de una encuesta evidenciaban las supuestas afinidades entre sus necesidades y las propuestas del candidato a Jefe Delegacional, para proponer al término de la misma, una cita el día de la jornada con la intención de llevar al encuestado a su casilla y votar por la propuesta antes recomendada.
Por llevar a más de diez familias a tales scorts electorales se les pagó $250 el día.
Por otro lado, en las pantallas vimos desfilar al Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, a la gobernadora yucateca Ivonne Ortega Pacheco, a Emilio González, gobernador de Jalisco, y desde luego al más emblemático de este giro comercial de nuestras televisoras, al gobernador Enrique Peña Nieto, quien en cada aparición pareciera convertir la fuente que lo cubre en la fuente rosa de alguna sección de sociales.
A su vez, mientras que en la Internet las páginas de los principales diarios cubrían hasta en algunos casos el minuto a minuto el día de la elección, o redes sociales como Twitter o Facebook informaban a sus usuarios de manera constante, en las señales abiertas de Televisión recordaban al rey del pop, intentaban hacer reír o evidenciaban la falta de talento y creatividad en una competencia de canto.
La función de los medios, no sólo es entretener o enriquecerse, sino informar, socializar, motivar la discusión y la reflexión en temas de interés general.
Una verdadera democracia necesita no sólo de una pluralidad de medios, sino de contenidos, y que estos generen una opinión pública autónoma, no tenemos elección, exijamos tal pluralidad y dejemos de permitir esta promoción de intereses exclusivos que hoy sólo incitan y reproducen una desigualdad que hiere y un estatismo que lacera.
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