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Cercar a Irán pensando en China.

21 Febrero, 2012
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Edgar Valenzuela
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Escrutinio No. 83

Obsesionados por evitar que estallase la burbuja financiera que ya venía mostrando signos de resquebrajamiento desde finales de los noventa con la quiebra de LTCM y con mayor ahínco durante la disolución de la gigante firma energética Enron, la cúpula estadounidense pretendió dar un nuevo impulso a su alicaída economía dominada por el sector financiero mediante una fórmula conocida: desplegar su enorme aparato bélico involucrándose en alguna guerra;
y los atentados de septiembre de 2001 brindaron una excepcional oportunidad para hacerlo con un halo de legitimidad “indiscutible”.

El despliegue descomunal de fuerza que supuso la invasión de Afganistán e Irak además, tenía por objetivo dotar a los Estados Unidos (EU) de una enorme ventaja estratégica sobre sus más cercanos rivales hegemónicos en Eurasia, al lograr asentarse en la frontera con China y a las puertas de Rusia, a la vez que ampliaba su cobertura militar sobre el depósito de hidrocarburos más importante del planeta.

Para sostener la operación militar, EU elevó exponencialmente los niveles de su deuda, pues el éxito de la intervención sostendría a su vez los jugosos contratos firmados por el Departamento de Defensa (DdD) con empresas cercanas a él para la reconstrucción de las zonas devastadas. Al final de cuentas, el cálculo estaba hecho para endosarse a los países invadidos mediante la explotación de sus cuantiosos recursos: los enormes depósitos minerales de Afganistán valuados en 1 billón de dólares (trillones en anglosajón)[1], y los 110 mil millones de barriles del crudo de alta calidad iraquí.

A esta forma de generar ganancias a partir de la devastación y la reconstrucción de países enteros Naomi Klein la denominó Doctrina del Shock,[2] cuyo modus operandi radicaba en planificar incluso con años de anticipación el otorgamiento de los contratos para la reconstrucción del país inmediatamente después del cese de las hostilidades, mediante la Oficina del Coordinador para la Reconstrucción y Estabilización, que curiosamente tuvo a la cabeza al momento de su creación en 2004 nada menos que a Carlos Pascual, el experto en Estados Fallidos y posterior Embajador de EU en México.[3]

Como se puede observar el negocio era redondo para el complejo militar-industrial-financiero-petrolero norteamericano, pues como ya se mencionó lo colocaría en inmejorable posición estratégica; pondría a su alcance una de las mayores reservas de petróleo convencional del planeta; brindaría contratos de miles de millones de dólares para empresas ligadas al DdD; y crearía nuevas burbujas especulativas no sólo con las acciones de las firmas contratistas, sino con los nombres de los próximos países donde se intervendría con el fin de “asegurar el establecimiento de regímenes democráticos” que contasen con economías orientadas “al mercado”.

Sin embargo, el empantanamiento en Afganistán y la estrepitosa derrota en Irak cambiaron por completo el panorama para EU, siendo esta causa un gran precipitante de la crisis de 2007-2008. Y por si fuera poco tener que lidiar con la peor crisis desde 1929 sumergido en una enorme deuda impagable y el gran desgaste político y militar, EU tenía ahora que afrontar la resurrección de Rusia como potencia de primer orden, el ascenso mundial de China y la consolidación regional de Irán.

Esta nueva geografía del poder ha provocado que la cúpula estadounidense ahora con Obama a la cabeza, haya decidido emprender un “giro estratégico” para replantear sus áreas de prioridad global y las fuerzas en las que se apoyará el DdD para sus labores, privilegiando aquellas que hacen énfasis en la ventaja tecnológica (drones, guerra cibernética y aeroespacial), en detrimento de los efectivos terrestres y de marina[4], lo cual significa el fin de las largas guerras terrestres en pro de las doctrinas de blitzkrieg aéreo.

La nueva doctrina estratégica de Obama, a la que David Ignatius (DI) ha calificado como el cambio más importante desde la Segunda Guerra Mundial,[5] ha sido ampliamente analizada en todo el mundo pues pone de manifiesto según Armando Pérez (AP) la reorientación hacia la zona de Asia y Pacífico, en especial el sureste asiático para contener la expansión geopolítica de China, en las actuales circunstancias, el principal rival de EU[6]; opinión compartida por DI cuando comenta que el giro estratégico de Obama pone comprensiblemente nerviosos a los chinos, pues no son estúpidos y saben que los movimientos de EU van en su contra.

Aquí vale la pena resaltar, antes de entrar a fondo en el tema iraní, el significado de la doctrina de la contención para entender qué pretende la administración Obama con su reformulación contra China.

Esta doctrina acuñada por el estratega estadounidense George Kennan, en términos prácticos y sumamente resumidos proponía que EU debería apoyar la recuperación de los centros industriales-militares más importantes del mundo (Europa occidental y Japón) con el fin de acercarlos a Washington y evitar que cayeran en la órbita de influencia de los soviéticos. Cercada en los flancos por potencias medianas alineadas a EU, el desgaste que supondría para la URSS intervenir en esas zonas crearía diques de contención contra el expansionismo geopolítico comunista.

A pesar de que la Doctrina Truman retoma casi al pie sus postulados, su aplicación más famosa la hizo Nixon en 1972, cuando la utilizó para acercarse a China como mecanismo de contención al posible expansionismo soviético en el sureste asiático luego de la humillante derrota militar de EU en Vietnam. El total rompimiento del eje Moscú - Pekín  abrió la trampa afgana en la que caería menos de una década después la superpotencia comunista, y que terminaría por aumentar exponencialmente sus contradicciones internas y precipitando su desintegración a principios de la década de 1990.

Regresando al tema, vale la pena preguntarse ¿por qué Irán?

Cuando Obama anunció con bombo y platillo la retirada digna de Irak (ya programada para finales de 2011) y Afganistán tras la cobertura noticiosa de la muerte de Bin Laden,[7] muchos analistas llegaron a la conclusión de que el balance de fuerzas regional había cambiado a favor de Irán, brindando una gran ventana de oportunidad para que Teherán expandiera su área de influencia en la región.

Históricamente, EU ha tratado por todos los medios posibles de evitar que esto suceda. Basta recordar cuando en 1979 la Revolución Islámica amenazaba con desatar una gran rebelión contra occidente en toda la región, EU instigó el estallamiento de un conflicto que frenara la influencia persa en la zona y que a la vez evitase que el ganador se convirtiera en una potencia regional lo suficientemente fuerte como para desafiarle. El ariete que se dispuso a realizar el trabajo sucio fue Saddam Hussein, quien atacó con todo el arsenal químico y biológico que le fue suministrado por Washington a Irán en 1980. Y sólo para asegurarse que el desgaste fuese completo para ambos, EU también armó a Teherán bajo la cobertura del programa Irán-Contras.              
Una vez canalizadas muchas de las energías libertarias que provocó la Revolución Islámica al esfuerzo de una guerra que ni siquiera estaba librando de manera directa EU, la contención a la posible expansión iraní fue un éxito.

Y más importante aún que la influencia que pueda ejercer Teherán en la zona, lo es el control del mayor depósito de hidrocarburos del planeta, del cual depende la actividad industrial del mundo desde la invención de la máquina de combustión interna, y que dicho sea de paso representa el talón de Aquiles del galopante ritmo de crecimiento económico de China.

Es precisamente eso lo que está en juego. EU quiere asegurarse que a su virtual retirada quien llene el vacío no sea China, uno de los dos mayores socios de Irán junto a Rusia, y el enemigo exterior número 1 de la nueva doctrina estratégica de Obama.

Para Pepe Escobar[8] el objetivo que se persigue en Irán se llama cambio de régimen, y se apoya para sostenerlo en las declaraciones de un alto funcionario de la inteligencia de EU al que cita literalmente: “El objetivo de las sanciones de EEUU y del resto contra Irán es el colapso del régimen”.

Ahorcar económicamente al régimen e impulsar a la disidencia política a la sublevación es el sueño americano en Irán. ¿El fin? Sabotear los enormes negocios chinos en el país, como sucedió en Libia, cuya transición aérea fue orquestada desde Washington, Londres y París y que literalmente madrugó en el Consejo de Seguridad de la ONU a chinos y a rusos por igual.

Si prestan atención a los detalles habrán notado que hasta aquí hemos mencionado dos cambios de régimen consumados por EU: Irak y Libia. Ambos tienen en común que intentaron atentar contra el inmaculado poder financiero de Wall Street: En 2000 Hussein optó por el euro como la moneda de cambio del petróleo iraquí y tres años después fue invadido su país; Gadafi propuso la creación del dinar oro como la moneda común de África con la que comercializaría el petróleo libio, y la zona de exclusión aérea de la OTAN lo excluyó del camino.
Eso sin mencionar las estratagemas similares en Latinoamérica contra Zelaya y el infructuoso contra Correa, por muy similares circunstancias.

Siguiendo la pista del dinero, como menciona PE, nos daremos cuenta que Irán ha optado también por abandonar el patrón dólar en su comercio con Rusia y China, optando por usar sus respectivas monedas. El peligro mayor para EU radica en dos vertientes íntimamente relacionadas: 1. Dado el poder económico ascendente de China, si logra seducir a más países a que comercien entre sí dejando de lado el dólar, los chinos se librarían gradualmente del grillete que les significa ser el mayor tenedor de Bonos del Tesoro tasados precisamente en dólares; y 2. Lo que ha permitido que EU pueda ser el único país del mundo cuyo déficit comercial alcance esas magnitudes sin que se vea reflejado en la cotización de su moneda es precisamente que el dólar es la moneda de intercambio y reserva mundialmente aceptada[9], y que ha logrado mantener el llamado patrón petrodólar. Su caída representaría el colapso total del régimen de acumulación estadounidense y por ello lo sostendrán hasta las últimas consecuencias con el poder de su arsenal nuclear.

El escenario por tanto es sumamente complejo y de una volatilidad increíble cuando chinos y rusos por igual han aprendido de sus errores en Libia y han salido a pronunciarse por una resolución pacífica del contencioso, llegando ambos incluso a señalar que Irán es prioritario para su seguridad nacional.

En mi humilde entender, al hostigar a Irán EU busca orillar a China a actuar en condiciones que le resulten desventajosas, cuando el tiempo es un ingrediente clave en la ecuación: a EU le falta, y los chinos es lo que requieren para fortalecerse.

Veremos pues si Irán es intercambiado por Taiwán para el caso chino,



[1]
U.S. Identifies Vast Mineral Riches in Afghanistan. The New York Times, 13 de junio de 2010.

[2]Klein, Naomi. The Rise of Disaster Capitalism. The Nation, 15 de abril de 2005.

[3] Para más, véase: John Saxe Fernández.  Pascual es el mensaje. Diario La Jornada, 9 de abril de 2009.

[4] Jalife-Rahme, Alfredo. “Giro estratégico” de Obama: desglobalización militar de EU y contención de China. La Jornada. 11 de enero de 2012.

[5]Ignatius, David. Obama closes the book on the 9/11 era. The Washington Post, 6 de enerode 2012.

[7] Al respecto recomiendo ampliamente: Jalife-Rahme, Alfredo. La enésima muerte teatral de Bin Laden y su geopolítica. La Jornada. 8 de mayo de 2011.

[8] Escobar, Pepe. El mito de un Irán aislado. Asia Times. 19 de enero de 2012.

[9]Para una explicación más detallada, véase: Valenzuela, Edgar. La crisis de la deuda norteamericana: una mirada histórica. Revista Escrutinio no. 73.

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