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¿Quién manda en los Estados Unidos?
Escrutinio No. 72
Rafael de la Garza Talavera
Hace ya algunas décadas le pregunté cándidamente a un ciudadano estadounidense que quien mandaba en su país no dudó en responderme ipso facto: el poder económico. Por aquellos años empezaba a descubrir las irregularidades, por llamarlas de alguna manera, de la teoría política liberal que afirma contra viento y marea que es el estado el máximo dirigente de las sociedades modernas, al que se subordinan los intereses privados en aras del desarrollo de una sociedad más justa, igualitaria y bla bla bla.
Los recientes conflictos entre el congreso y el presidente Obama por la solicitud del “hombre más poderoso del mundo” de elevar el techo de la deuda para mantener la economía a flote no deja lugar a dudas acerca de quien manda en los Estados Unidos, confirmando la respuesta que me había dado mi amigo yanqui. Por más que pinte escenarios catastróficos para su país, el primer presidente negro tendrá que aceptar la negativa de la mayoría de los congresistas y de paso remar contra la corriente en sus aspiraciones reeleccionistas.

Todo parece indicar que los conservadores tienen ganada la partida, en buena parte gracias a la negativa de Obama, a principios de año, para aumentar los impuestos a los superricos -como la familia Bush- y apostar en cambio a seguir aumentando la deuda para mejorar la economía nacional. Peor aún, los conservadores han logrado convencer a la opinión pública de que los problemas económicos son consecuencia directa del despilfarro del gobierno y no, como señalan los hechos, por el cinismo y corrupción de los dueños del dinero, que se dedicaron a especular sin límites, causando el desastre financiero desatado desde 2008.
Lo anterior tiene consecuencias políticas y económicas evidentes. Por un lado la depresión se profundizará pues el gobierno recortará los gastos sociales, sobre todo en salud y educación, reduciendo aun más el poder adquisitivo de los trabajadores que han podido evitar el desempleo al alza; pero además y como consecuencia de la profundización de la depresión, Obama tiene los días contados en la Casa Blanca pues tendrá que pagar los costos políticos de la contracción del gasto público.
Dudo mucho que su equipo de asesores no haya concebido el escenario que hoy enfrentan. Entonces ¿Por qué Obama no aumentó los impuestos para fortalecer las finanzas públicas en lugar de poner su futuro político en manos de los conservadores? Porqué donde manda capitán no manda marinero. Y eso aplica también para nuestro país, donde el aumento de la deuda pública de la federación, pero también de los estados, sigue aumentando geométricamente sin que se vislumbre la posibilidad de fortalecer la recaudación fiscal, cobrándoles impuestos a los grandes empresarios, para contar con más recursos pues los que mandan aquí son los mismos que mandan allá.

Habría que agregar que las posibilidades de que Obama recorte el presupuesto militar para poder mantener los niveles de gasto público son nulas. Este hecho demuestra que la industria militar estadounidense es demasiado poderoso para sufrir las consecuencias de la depresión económica por lo que seguirá aumentando el presupuesto del que gozan, a costa de el aumento del empleo y la posibilidad de que las personas con deudas puedan pagarlas. Los ciudadanos estadounidenses y su impotencia frente a la política económica de Obama me recuerdan los conflicto que vivimos en México en 1994, cuando lo grandes bancos quebraron y el gobierno federal no dudó en endeudarse para rescatarlos, dejando en la indefensión económica a un gran número de empresas y ciudadanos mexicanos. Seguimos pagando esa deuda, administrada por el Fobraproa, y probablemente nuestros hijos y nietos la terminen de pagar. Eso si no vuelven a quebrar los dueños del dinero.
Las negociaciones que se dieron en el Congreso de los Estados Unidos para elevar el techo de la deuda del gobierno no solucionó el problema de fondo y mantuvo los dados cargados en favor de los grandes capitales. Pero además el volumen de la deuda superó el 100% del Producto Interno Bruto (PIB) del 2010 que fue de 14.52 billlones de dólares mientras que la deuda pública ascendió a 14.58 billones. (http://www.expansion.com/2011/08/04/economia/1312411279.html) Esto nos da una idea del nivel de endeudamiento de la otrora nación más poderosa del mundo pues ni siquiera utilizando todo la riqueza producida en un año por su economía alcanzaría para quedar libre de deudas. Y esta no es la primera vez pues en 1947, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, la deuda pública superó el PIB, pero los tiempos son totalmente diferentes. En aquellos años Estados Unidos se estaba convirtiendo en la primera economía del mundo; hoy le sucede precisamente lo contrario. Por lo tanto, queda claro que lo que busca el Congreso y Obama es mantener de manera artificial las tasas de ganancia de los grandes capitales a costa del empobrecimiento de la mayoría de la población. No quiero ni pensar en las consecuencias para la economía mexicana, atada a la de nuestros vecinos del norte gracias a los buenos oficios de Carlos Salinas y reforzada por sus sucesores, sean del color que sean. En lugar de hacer lo que está haciendo Brasil, o sea, diversificar sus mercados mirando sobre todo hacia China, el desgobierno mexicano y su oligarquía empresarial siguen aferrados en seguir sirviendo a los intereses comerciales de un país en decadencia. No están pensando para nada en cambiar radicalmente el rumbo en aras de una recuperación económica real y profunda que evite que miles de mexicanos y mexicanas sigan cayendo en la pobreza todos los días. Al contrario siguen pensando que los gringos son lo máximo y de paso asegurando el bienestar de unos cuantos.

La idea de que el estado no es más que “… el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa” es hoy más cierta que nunca.


22 AGOSTO, 2011
GRACIELAInteresante.