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Libia: contagiada por la ola revolucionaria
Escrutinio No. 64
Gibbran Montero*
Primero fue Túnez, después Egipto, hoy la ventana está abierta y son varios los países que quieren asomarse y demostrar su hartazgo contra las condiciones en las que se encuentran. Varios países del norte de África han decidido gritar que no están dispuestos a seguir viviendo bajo los regímenes que por décadas han estado en el poder. Las revueltas sociales se han propagado hacia otros países de la región.
Si bien en Argelia, Marruecos, Yemen y Qatar ha habido algunas manifestaciones en contra de los regímenes, el caso de Libia es el que más ha trascendido en las últimas semanas, sobre todo, por la brutal represión que se ha registrado por parte de la policía en contra de la población.
El pasado 16 de febrero comenzaron las protestas en Libia, después de que fuera detenido el abogado Fethi Tarbel, quien se encontraba defendiendo a algunos presos políticos. Familiares de dichos presos salieron a las calles a protestar por esa acción. Estos hechos comenzaron en la ciudad de Bengasi (al este de Libia), la segunda más importante en Libia después de Trípoli, la capital. En estas manifestaciones, la población se enfrentó a la policía, la cual ha respondido violentamente, causando la muerte de varias personas. No sólo reclamaban la liberación de Tarbel, sino también querían demostrar su hartazgo contra la corrupción que caracteriza al régimen de Muamar el Gadafi, quien lleva 42 años en el poder, y la realización de reformas democráticas.
Conforme pasaron los días, las protestas se fueron replicando en otras ciudades libias (Misurata, Sirte, Zauiya, Ras Lanufe, entre otras). Los enfrentamientos entre la policía y la población se intensificaron gravemente, causando la muerte de más de 300 personas. Esta situación ha provocado una gran presión al interior del gobierno de Gadafi e incluso divergencias entre los integrantes de su gabinete. Por ejemplo, el ministro de Justicia dimitió argumentando su inconformidad con el excesivo uso de la fuerza, ordenado por Gadafi; posteriormente, el portavoz del gobierno declaró que el uso de la fuerza era una decisión equivocada y reclamó un diálogo con la oposición.
Con respecto a las medidas que ha tomado el gobierno, si bien han estado acompañadas del uso de la violencia, también incluyen otras de gran impacto como el bloqueo de internet. Lo anterior con el objetivo de evitar que la población se siguiera organizando por medio de las redes sociales (Facebook y Twitter) y el correo electrónico, para llevar a cabo las manifestaciones. En este sentido, es importante señalar la participación de los jóvenes en estas revueltas.
En este contexto de crisis política y social, un personaje que ha cobrado gran importancia es Saif el Islam el Gadafi, hijo de Gadafi, quien desde un principio declaró que Libia no es como Túnez o Egipto, por lo que su padre no abandonará el poder.
En cuanto a la postura de la comunidad internacional, destaca que, a poco más de 10 días de que comenzaran las protestas y después de varias comunicaciones entre Barack Obama (Estados Unidos), David Cameron (Reino Unido), Silvio Berlusconi (Italia) y Nicolás Sarkozy (Francia), principalmente, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una resolución (1970) que apuntaba las siguientes cuatro acciones:
1) El embargo total e inmediato de armas, para evitar la venta y suministro a Libia.
2) Congelar las cuentas bancarias de Gadafi en el extranjero, así como las de 6 de sus hijos.
3) Se prohíbe que Gadafi, sus ocho hijos y 7 altos cargos de su gobierno[1] puedan salir del país.
4) Se pidió a la Corte Penal Internacional[2] que se investigue a los líderes libios por crímenes contra la humanidad.
Sin embargo, este instrumento no ha sido suficiente para detener la crisis en Libia. Gadafi ha comenzado a usar intensamente su poderío militar y a atacar a los opositores, a través de bombardeos aéreos en contra de instalaciones petroleras (cerca de Bengasi), cuyo control es clave para el suministro eléctrico de la zona. El propósito de estos ataques es evitar que los opositores sigan avanzando hasta llegar a Trípoli. En respuesta a estas acciones, el Consejo Nacional de Libia solicitó a la comunidad internacional que establezca una zona de exclusión aérea sobre el país, lo cual ya había sido planteado por Estados Unidos hace algunas semanas.
Todo parece indiciar que la crisis se ha convertido en una guerra civil y una de las principales consecuencias es el aumento del número de migrantes. Los libios se han visto obligados a desplazarse hacia los países fronterizos (Argelia, Túnez, Chad, Níger, Sudán y Egipto) y hacia Europa, específicamente a Italia. Por lo tanto, será interesante conocer las acciones que tomen los países para controlar la inmigración, tanto a título individual como a través de las instancias regionales (Unión Europea y Unión Africana).
Es importante recordar la importancia geoestratégica de Libia, sobre todo si tomamos en cuenta que es el tercer productor de petróleo más importante en África y el octavo a nivel mundial; donde el 79% de la producción total de petróleo de Libia se exporta hacia Europa (siendo Italia el principal consumidor), mientras que 10% va para China, 5% para Estados Unidos y 7% para otros países. De esta forma, los intereses de las potencias extranjeras jugarán un papel determinante en la conducción y resolución de la actual crisis.
Finalmente, hay que apuntar que cada vez es más latente la posibilidad de una intervención militar estadounidense en Libia, con el argumento de que se requiere un despliegue de aviones militares para atender las necesidades de los refugiados extranjeros. Será de gran relevancia observar la disposición al diálogo entre las partes, para poder negociar la salida de Gadafi, ya que hace unos días el Consejo Nacional rechazó la oferta que planteaba su salida a cambio de que se le garantizara la seguridad a él y a su familia, así como que no fuera juzgado en la Corte Penal Internacional. Lo más conveniente sería que las propuestas o acuerdos surgieran del interior de Libia, evitando que actores exógenos intervengan en la conducción y solución de sus problemas.
[1] Entre ellos el ministro de Asuntos Exteriores, el jefe de la seguridad y los servicios secretos, el jefe de escoltas y el responsable de la seguridad externa.
[2] Es pertinente señalar que actualmente existen cinco investigaciones de países africanos ante la Corte Penal Internacional (CPI). Éstas se refieren a: Uganda, República Democrática de Congo, República Centroafricana, Darfur (sur de Sudán) y Kenia.
*Gibbran Montero es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Estudió la maestría en Ciencia Política en la Universidad de Salamanca en España. Tiene una especialidad en Administración de Proyectos por la Universidad Tecnológica de México. Actualmente se desempeña como asesor de Política y Cooperación Internacional en la Coordinación de Asuntos Internacionales del Instituto Federal Electoral, donde atiende los temas para África y Asia. Desde 2006 ha sido profesor adjunto del Centro de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde ha impartido las asignaturas “África” y “Seminario de titulación en Estudios Regionales”. Ha participado en congresos nacionales e internacionales y es autor de diversos artículos sobre temas de política internacional y asuntos electorales.
