Irak: ¿El fin de la guerra?

15 Septiembre, 2010
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Beatriz Adriana García Galindo

Escrutinio No. 55

Escrutinio No. 55

Beatriz Adriana García Galindo*

 

Después de 7 años de invasión, el Ejército estadounidense abandonó –sigilosamente y sin un triunfo real- Irak. Alrededor de 50 mil soldados norteamericanos permanecerán desplegados, con la labor de entrenar a las fuerzas iraquíes para que éstas puedan encargarse de las tareas de seguridad de su país. La salida del Ejército norteamericano había sido largamente esperada. La ofensiva lanzada en marzo de 2003 por el entonces presidente George W. Bush contra Irak, no estaba destinada a durar tanto tiempo. De hecho, tras la simbólica caída de la estatua de Saddam Hussein ubicada en Bagdad, en un discurso pronunciado a bordo del portaviones USS Abraham Lincoln –en mayo de ese mismo año- el presidente Bush, con un cartel detrás que rezaba “misión cumplida”, daba prácticamente por terminada la guerra. Estados Unidos no imaginó -ni calculó- los efectos que ocasionaría al invadir Irak. Los norteamericanos no pensaron que su paso por este país dejaría al pueblo iraquí sumido en el caos, en la pobreza, en la destrucción. La gran potencia mundial tampoco estimó que la guerra preventiva, la guerra contra el terrorismo y el “eje del mal”, se convertiría en un desafío y un grave problema político al interior de Estados Unidos.

 

Los fiascos de la guerra

La guerra en Irak no ha sido vista como una victoria para Estados Unidos, por el contrario, la invasión de este país ha sido considerada un error, un segundo Vietnam. Diversos elementos provocaron que en la ofensiva contra el régimen de Saddam Hussein, el triunfo fuera difícilmente alcanzable.

En primer lugar, la invasión de Irak fue juzgada como una decisión unilateral  de Estados Unidos, una respuesta a los atentados sufridos el 11 de septiembre de 2001. George W. Bush intentó conseguir el permiso de la ONU para invadir Irak, sin embargo no lo logró por la franca división que existía en torno al tema -principalmente entre los miembros del Consejo de Seguridad-. Al mandatario estadounidense no le importó que la comunidad internacional le negara su respaldo, y con el apoyo de Gran Bretaña, Australia, Polonia, España e Italia, decidió lanzar la operación “Libertad iraquí”.

Este movimiento fue un primer error. Al iniciar la guerra sin el consenso de la ONU, Estados Unidos envió al mundo el mensaje de que no respetaba las instituciones internacionales, desacreditando así el rol de las mismas. Los norteamericanos también reforzaron la idea de que son la única potencia mundial, pero lo hicieron de manera negativa, pues enviaron la imagen de un Estado que no se regía por el derecho internacional, capaz de lanzar una guerra basada en dudosos argumentos –vista como una invasión ilegítima, no una guerra justa-, a la que muchos encontraron además un interés económico de fondo –el petróleo-.

En este sentido, un segundo fracaso en la guerra contra Irak fue producto de los argumentos expuestos por George W. Bush para lanzar esta ofensiva. De acuerdo con el mandatario norteamericano, Irak, y en particular el régimen de Hussein, mantenía lazos con Al Qaeda, por lo que se trataba de un país que apoyaba el terrorismo. Además, el gobierno estadounidense aseguró que Irak poseía armas de destrucción masiva, una aseveración que fue alentada por las negativas de este país de permitir revisiones de instancias internacionales a lo largo de los años.

Sin embargo, tras la invasión estadounidense la verdad fue develada. Las autoridades encargadas de realizar inspecciones, lideradas por Hans Blix, no encontraron armas de destrucción masiva en ningún lugar. Por otra parte, Estados Unidos fue incapaz de probar que el Estado iraquí tenía vínculos con la red Al Qaeda o con algún otro grupo terrorista, mucho menos que los apoyaba. Todo esto provocó que la guerra de Estados Unidos perdiera aún más legitimidad, pues las razones que impulsaron a los norteamericanos a actuar eran insostenibles, y ya era demasiado tarde para abandonar un país sumergido en la violencia. 

Otro punto que modificó la percepción a nivel internacional de Estados Unidos fue el controversial caso de Abu Ghraib. Esta prisión había sido utilizada por Saddam Hussein para encarcelar a presos políticos y rivales. Con la invasión, el control de la cárcel paso de manos iraquíes a manos estadounidenses. Sin embargo, pronto se descubrió que soldados norteamericanos abusaban de los presos de Abu Ghraib dándoles tratos inhumanos. El caso reveló que el Ejército norteamericano estaba violando los derechos humanos de prisioneros iraquíes, lo cual afectó profundamente la imagen de Estados Unidos.

Finalmente, tras el derrocamiento del régimen de Hussein, Estados Unidos buscó romper con el sistema autoritario e instaurar una democracia en dicho país, con el objetivo de que ésta se extendiera –como efecto dominó- en toda la región de Medio Oriente. No obstante, la violencia que despertó la invasión estadounidense, así como la profundización en la división sectaria y étnica en el país, han dificultado el establecimiento de una democracia en Irak –tal como lo probaron las elecciones pasadas-. En este sentido, el gran fiasco de Estados Unidos ha sido no haber logrado convertir a Irak al modelo occidental, y haberlo dejado como un Estado fallido –el séptimo en el Failed States Index de Foreign Policy y The Fund por Peace-.

 

El saldo de la guerra

La rápida guerra que Estados Unidos planeaba pelear en Irak se convirtió en una batalla de años, que sigue sin tener final a pesar del retiro norteamericano. Los costos –económicos y humanos- han sido altísimos, y han contribuido a hundir a Irak en un estado trágico. De acuerdo con Joseph Stiglitz y Linda Bilmes, Estados Unidos ha destinado alrededor de 3 billones de dólares a la guerra, una cifra altísima para los resultados que se han obtenido en Irak. En términos de vidas humanas, 4 mil 421 soldados norteamericanos han muerto y 32 mil han sido heridos.

Para los iraquíes, la guerra también ha resultado muy costosa. A pesar de la dificultad de encontrar una cifra certera en cuanto a vidas perdidas –muchas veces no se sabe si los muertos son civiles o miembros de grupos insurgentes-, algunas asociaciones calculan que 106 mil 348 civiles han fallecido en esta guerra. Pero para Irak los costos económicos y humanos no son los únicos que cuentan. La Organización Internacional para las Migraciones calcula que 1.6 millones de iraquíes han sido desplazados al interior del país, algunos de ellos ya han regresado a sus lugares de origen. De igual manera, se estima que hay entre uno y tres millones de iraquíes refugiados en el extranjero. La economía iraquí depende casi exclusivamente –el 95%- de la exportación de petróleo. La infraestructura ha sido destruida. Las instituciones públicas son débiles, o no existen más que en nombre. Irak ha perdido mucho en los últimos años.

 

La salida de Estados Unidos

El regreso a casa de las tropas estadounidenses ha sido una decisión polémica. Barack Obama había prometido durante su campaña que terminaría con las guerras de Irak y Afganistán –legado de la administración Bush por el cual Obama ha tenido que asumir importantes costos políticos-, promesa que recibió apoyo de los norteamericanos. Sin embargo, existen serias dudas sobre si era el momento adecuado para dejar este país a su suerte, para “dar vuelta a la página” como afirmó Obama. Esto se debe a que el fracaso en Irak representa una derrota para Estados Unidos, el cual quedó como el país que invadió sin razones sólidas a otra nación, que tenía la intención de democratizarlo y no lo logró. Además, si Irak se mantiene inestable podría  gestar un problema de seguridad para Estados Unidos, particularmente porque se trata del Medio Oriente donde los enemigos del imperialismo estadounidense abundan. Además, en Estados Unidos se teme por la vida de quienes se han quedado a entrenar a las fuerzas iraquíes, pues el pronóstico es que en los próximos meses la violencia se recrudecerá. La serie de atentados terroristas que tuvieron lugar días después de que la última tropa norteamericana dejara Irak es una clara señal de que la insurgencia continúa en pie de lucha.

 

El sombrío futuro iraquí

Sin duda, el futuro de Irak es complicado e incierto. El país es actualmente un Estado fallido, por lo que tendrá que superar muchos y muy grandes obstáculos para poder reconstruirse. Lo grave de este punto es que el fracaso de un Estado no es un fenómeno espontáneo, sino un proceso que se desarrolla a lo largo del tiempo, por lo que los asuntos que debe resolver Irak son cuestiones profundamente arraigadas.

En Irak, la invasión estadounidense fue el punto de quiebre que ocasionó que el Estado, que ya era endeble, fallara. Sin embargo, existían elementos que desde antes venían debilitando al país. El régimen de Saddam Hussein fue construido sobre una base sectaria y étnica. El Partido Baaz mantuvo la división entre sunitas, chiitas y kurdos, que existe desde 1638 cuando Irak se incorporó al Imperio Otomano. El partido Baaz y Hussein privilegiaron a los sunitas aunque fuesen minoría, excluyeron a los chiitas de los puestos importantes, y atacaron a los kurdos con actos inhumanos. Además, la agresiva política exterior de Hussein provocó que la ONU impusiera sanciones a este país. Con esto, la ciudadanía fue dejando de acceder a bienes, el Estado fue incapaz de proveer servicios.

Irak tiene hoy dos principales retos a superar. En primer lugar, es necesario que el Estado pueda garantizar la seguridad para proceder a la reconstrucción del país. Para esto, será crucial el papel que desempeñen las fuerzas iraquíes encargadas de las tareas de seguridad. El segundo reto es dar paso a la creación de instituciones, aunque para que éstas funcionen deberán representar a todas las facciones y tener legitimidad. Si esto no se consigue la reconstrucción iraquí está destinada al fracaso. La comunidad internacional también tendrá que apoyar en los esfuerzos, particularmente al brindar bienes a la población que se ha visto afectada por la guerra.

En este sentido, el punto que resultará clave para la reconstrucción del Estado iraquí es que se logre superar la división entre grupos. Se deben sobrepasar venganzas sectarias –la “debaasificación” por ejemplo, está invirtiendo papeles al excluir a sunitas de cargos, como una revancha política-, se deben buscar acuerdos al interior de cada grupo y entre éstos, y se debe encontrar una manera para representar a chiitas, sunitas y kurdos, para poder así construir un Estado sólido. Al mismo tiempo, se deben encontrar figuras que tengan el poder de representar y convocar a los iraquíes en unidad. Las tropas estadounidenses siguen siendo vistas con recelo, la idea de que serían liberadores difícilmente permeó algunos sectores de la sociedad. Los líderes que Estados Unidos apoya carecen de legitimidad ante los iraquíes, al igual que las instituciones emanadas de la invasión.

 

Conclusión

Indudablemente, Irak seguirá siendo un pendiente en la agenda estadounidense e internacional. La salida de Estados Unidos de este país no termina el conflicto –que Kofi Annan ha catalogado como “guerra civil”-, ni marca el fin de la relación entre norteamericanos e iraquíes. Para Estados Unidos, el momento de la reflexión y la autocrítica ha llegado. Sería conveniente que este país se diera cuenta cómo sus acciones a lo largo de los años han sido en gran medida las que contribuyeron a colocar Irak en la situación en la que hoy se encuentra. La historia prueba que Estados Unidos ha mantenido una relación según su conveniencia con Irak, y nunca ha tenido ni un plan real para este país ni un interés genuino en el mismo.

A pesar del caos en el que se encuentra el país actualmente, existe una oportunidad para que Irak logre reconstruirse. Sin embargo, para que pueda erigirse como un Estado sólido es fundamental que el proceso se planee y desarrolle a nivel interno. Es momento de que Irak asuma su propio futuro, que sean sus propias decisiones las que modelen el Estado. La imposición de modelos externos no funcionará, precisamente por las particularidades que caracterizan a Irak –como la profunda y añeja división sectaria-. Esto no quiere decir que el país deba ser dejado a su suerte. La comunidad internacional, y Estados Unidos en particular, deben ayudar en los esfuerzos de reconstrucción iraquíes, pues está en su interés que este Estado no colapse, especialmente por su ubicación geoestratégica, que podría poner en riesgo Medio Oriente.

Para la comunidad internacional, la invasión de Estados Unidos debe ser un ejemplo de lo que no puede permitirse más en el mundo. Para los expertos y analistas, Irak se convertirá en un caso de estudio en el tema de Estados fallidos y reconstrucción. Sin embargo, de lo que todos debemos ser conscientes es que independientemente del interés que cada uno tenga en Irak, lo que está en juego es la vida, la seguridad,  y la estabilidad de millones de iraquíes.

 


*Beatriz Adriana García Galindo es Licenciada en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. Actualmente es analista de la consultoría Estrategia y Comunicación y columnista de Visto Bueno.

Twitter: @beiagarcia

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Comentarios

  1. 1

    20 MARZO, 2012

    EDGAR IGNACIO Dijo:

    Creo que esta guerra no ha terminado, estados unidos penso en ese momonto que podìa hacer lo que deseaba, pudo tener algo de razon el anterior presidente pero la realidad es que las muertes de soldados estadounidences e iraquies no seran suficientes para terminar esta guerra.
    estados unidos pudo irse de irak pero siemore estarà en la mente de las personas que sufrieron por ello y aunque la guerra alla parado, nunca va aterminar para los inocentes...

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