De París a Mogadishu

14 Septiembre, 2010
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Lorena De La Barrera

Escrutinio No. 55

Escrutinio No. 55

Lorena de la Barrera*

 

Durante mi estancia en el Instituto de Estudios Políticos en París, mejor conocido como Sciences Po, tuve la oportunidad de hacer una investigación para el curso de Migraciones Africanas y Globalización. En ella, entrevisté directamente a un joven estudiante proveniente de Mogadishu, Somalia. Su familia estaba formada por 11 hermanos incluido él. Al comenzar la guerra civil en 1991, sus padres tuvieron que separarse por pertenecer a diferentes tribus rivales, y esto hizo que toda la familia quedara dividida. Ahmed, de 7 años, fue enviado a las afueras de la ciudad y adoptado por su abuelo a cambio de casa y comida. Para la buena suerte de mi entrevistado, su tío que vivía en París desde hacía 10 años y ya era ciudadano francés, mandó una carta al abuelo pidiendo adoptar a tres de sus hermanos como parte de su promesa de apoyar a la familia que había dejado atrás.

Ahmed relataba con una orgullosa sonrisa blanca marfil, que el abuelo lo escogió a él dado su arduo y disciplinado trabajo cuidando las 3 cabras del anciano. Hoy en día Ahmed es ciudadano francés, graduado de la Escuela Libre de Ciencia Política, y ha formado una familia con una mujer Somalí el verano pasado.

En este caso, fue una migración forzosa la que obligó a Ahmed a huir de su ciudad natal dada la violencia tan aguda que imperaba y esto trajo consigo la ruptura de su familia por la cruel guerrilla de clanes. Al ser adoptado en París por su tío, fue refugiado político durante un tiempo mientras su situación migratoria se arregló y la familia del tío lo pudo adoptar. Tuvo suerte de pasar por una migración interna a una migración internacional en manos de familiares que le previeron de una sólida estructura social y educativa. Ahmed me dijo que se sentía afortunado por su destino y que pensaba regresar a Somalia en verano del 2008 para compartir sus ahorros con los hermanos que no corrieron con tanta suerte. Su idea era ayudarles a financiar una tienda de abarrotes en Mogadishu y que de ahí todos pudieran expandir el comercio.

No todos los migrantes cuentan historias así de afortunadas, lo rescatable de esta historia de vida es la fortuna que tuvo Ahmed al contar con las redes sociales que le permitieron migrar de un país subdesarrollado, a uno industrializado. El fenómeno del envío de remesas, de cooperación técnica y científica y muchos temas que tocan a las diásporas nacionales lo descubrí gracias a la confianza que me tuvo Ahmed para compartir su historia con una total desconocida que venía del otro lado del mundo. Algo que se me quedó muy grabado es que entendió su identidad africana cuando asistió al barrio de Somalia en Londres, una de las diásporas Somalíes más grandes fuera de África. Al entrar a las tiendas y escuchar la música, probar los platillos, ver las fotografías, cuadros y lienzos así como adornos, instrumentos y demás parafernalia del ghetto, sintió “que el niño de 7 años recordó a su hogar de nuevo”. Normalmente la gente en África se moviliza más al interior del continente que hacia afuera, principalmente por lo elevado del costo de migrar; es así como las diásporas sirven como fuente de identidad y de apoyo para los migrantes internacionales.

Resulta fascinante desempolvar esta historia real y contrastarla con las cifras que se dan en el “UN International Migration Wall Chart” edición del 2009. La tabla muestra que en el último lustro nada más, hubo un aumento de 20 millones de migrantes internacionales, llegando a un total de 214 millones de migrantes para el año en curso; 2.7 millones de personas al año aproximadamente. Tampoco me sorprende que Europa sea el continente donde habitan la mayoría de estos migrantes con 70 millones para el año 2010, seguido por Asia con 61 millones y América del Norte con 50 millones. Esto cobra sentido en relación a los flujos norte-sur para los casos de Europa y América del Norte, pero no así para el caso de Asia, que se explica más por el número de habitantes que por este movimiento norte-sur.

Respecto al flujo de migrantes extranjeros, el documento mencionado muestra que el mayor flujo de migrantes se realiza hacia países más desarrollados, es decir, siguen un patrón de flujos norte-sur. Me queda preguntar, ¿es este fenómeno parte de la globalización, o consecuencia de ésta? Hablando en esta misma línea, no podemos ignorar la cuestión de la legalidad de esta migración. Resultaría muy interesante conocer cifras, por ejemplo, de los migrantes que llegan a Estados Unidos y Canadá qué porcentaje se refiere a la migración legal. Y de poder tener estos datos, estudiar la relación entre migración legal y políticas públicas, preguntarnos qué tanto las políticas migratorias de América del Norte son efectivas en el sentido de satisfacer la demanda de este flujo.

En mi experiencia, así sea Ahmed de Somalia, o Juan Enrique de Guatemala, sus historias tienen más en común que muchas de las políticas migratorias del siglo XXI. Creo que es hora de que exijamos políticas públicas coherentes con el respeto a los derechos humanos en el norte como en el sur, así como conscientes del inquebrantable lazo entre migración y desarrollo. Dos variables que, de saberse conjuntar, podrían llegar a ser un aliado más que un enemigo.

+ Que en merecida paz descansen los migrantes –con especial dedicación a los latinoamericanos y africanos- fallecidos en su intento por cruzar, víctimas de su propio sueño.

 

Por lo tanto propongo estudiar en este sentido, la migración internacional con las siguientes combinaciones:

Migración internacional y terrorismo (desde el punto de vista realista del Estado)

Migración internacional y desarrollo (desde el punto de vista de la interdependencia del mundo subdesarrollado)

Migración internacional y cultura (desde el punto de vista posmoderno de las diásporas)

Migración internacional y remesas (desde el punto de vista económico de los países emisores)

Migración internacional y derechos humanos (desde el punto de vista de los migrantes y activistas)

 


*Lorena de la Barrera es candidata al grado de Maestra en Administración Pública y Políticas Públicas por la Universidad de Carleton, y por el Tecnológico de Monterrey. Cuenta con experiencia de campo en temas migratorios y especialización en relaciones gobierno-sociedad civil.

Twitter: @LoreDelaBarrera

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Comentarios

  1. 1

    19 SEPTIEMBRE, 2010

    JAIME

    Muy buena introducción de lo que significa la emigración, lo cual desde mi punto de vista es parte, o consecuencia de la globalización dependiendo del enfoque desde el que se mire. para mi es una consecuencia pues implica que los países desarrollados apabullan a los subdesarrollados que no les permiten a estos crear empleos bien remunerados (o ni siquiera los crean) y entonces repercute que los habitantes de éstos últimos tengan que salir por necesidad económica. ahora bien, hay que tomar en cuenta que la emigración data desde hace muchos años, por lo que habría que estudiar si hay un cambio a partir del triunfo del modelo capitalista sobre el socialista.

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