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Alemania y su nuevo lugar en la Unión Europea

01 Septiembre, 2010
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Julio C. Amador
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Escrutinio No. 54

Escrutinio No. 54

Alemania y su nuevo lugar en la Unión Europea.

Por qué es importante tomar “más” en cuenta a Alemania en la toma de decisiones en la Unión Europea.

Julio C. Amador*

 

Uno de los principales objetivos de la Unión Europea al momento de su creación era el establecimiento de un mercado único. Las razones y argumentos eran muchos y estaban fundamentados en la creencia que éste ayudaría a los países menos desarrollados dentro de la unión a alcanzar a los más desarrollados. La historia, a veinte años de la creación de la Unión Europea, está llena de irregularidades. Sin embargo, es posible contar una historia de éxito: la de Alemania.

A poco más de tres años de la caída del muro de Berlín, Alemania accede a formar parte de la Unión Europea. En ese entonces, Alemania era “el hermano enfermo” de la Unión pues cargaba el peso de la reunificación de su país. Alemania debía, pues, encontrar la manera de proporcionar las mismas condiciones a todos sus habitantes, pertenecieran estos a Alemania del Este u Occidental. La influencia estadounidense y británica que circulaba en Alemania occidental los condujo a aplicar las “fórmulas Anglo-Sajonas” para reactivar la economía de la entonces Alemania del Este. El gobierno alemán decidió recurrir a los préstamos e incrementar el gasto que pensaron reactivaría la economía germana. El resultado fue sorprendente para los hacedores de políticas públicas: los habitantes de la entonces Alemania del Este no lograron absorber la “fórmula Anglo-Sajona”; es decir, el recurrir al gasto público no generó crecimiento ni convergencia entre las Alemanias.

El impresionante resultado obligó a llevar un cuidadoso análisis de lo sucedido. Lo que se observó fue que los habitantes de Alemania del Este no eran tan productivos ni estaban tan capacitados como los de Alemania Occidental. Las políticas públicas dieron un cambio hacia proveer las herramientas suficientes a estas personas para que pudieran competir no solo con Alemania Occidental, pero con los habitantes de la, entonces, nueva Unión Europea.

El principal resultado del cambio de políticas son las Mittelstand – o pequeñas y medianas empresas-. Estas, hoy en día, se encargan de la producción de maquinaria sofisticada y productos químicos que se exportan al resto de mundo. Pero el éxito de las Mittelstand involucró decisiones de peso, como la flexibilización del mercado laboral, que llevó a la contracción de salarios y a la reducción de los costos sindicales entre otras cosas.

Entonces, antes de la fecha acordada para adoptar el Euro en 1999, Alemania se había desecho de las políticas que involucraran endeudamiento y gasto y las cambió por otras de ahorro y recorte de costos. Alemania, entonces, entraba en el camino de la responsabilidad en materia de política fiscal.

La introducción del Euro en Alemania no implicó solo el cambio del papel. Para Alemania significó deshacerse del Deutsche Mark que era, muy seguramente, una de las monedas más representativas de un país. Pero la importancia de deshacerse del marco alemán no residía únicamente en cuestiones de identidad nacional sino en argumentos de peso histórico. Al entrar a la Unión Europea, Alemania pierde control en el manejo de su política monetaria y para entender la importancia de este hecho, basta con recordar que durante la hiperinflación de la República del Weimar, era necesaria una carretilla llena de billetes para comprar una hogaza de pan. Los episodios de inflación e hiperinflación han sido desde entonces motivo justificado del cuidado con el que Alemania controla su política monetaria.

Al perder autonomía en el manejo de su política monetaria, Alemania se ve obligada, entonces, a ser extremadamente cuidadoso en el manejo de su política fiscal. Afortunadamente para los germanos, ellos han sabido contar una historia de impecable responsabilidad fiscal que ha mantenido bajos los salarios y, con esto, el control sobre el ingreso personal disponible, el consumo y el nivel de precios.

La situación era distinta en otros países de la Unión Europea. Los salarios aumentaron más que la inflación y los costos de producción se incrementaron. Antes del Euro, países como Italia o España recurrían a devaluar su moneda para incrementar su competitividad. Es decir, reducían el costo de la lira o la peseta con respecto a la libra, por citar un ejemplo, y hacían así más baratos y competitivos sus productos. Sin embargo, tras la adopción del Euro, se pierde la posibilidad de devaluar; ahora el producto más barato será el que logre reducir en mayor medida los costos de producción.

Lo anterior ha resultado en Alemania siendo el segundo exportador más grande del mundo, después de China. Es, sin lugar a duda, la economía más poderosa de Europa y el motor de la Unión Europea. Naturalmente, existen muchas críticas a su modelo económico: la dependencia de las exportaciones, el envejecimiento de su población económicamente activa, las altas tasas de impuestos, etc. Pero lo cierto es que el éxito en el manejo de su economía no solamente les quita la etiqueta de “hermano enfermo” y los convierte en un elemento “más que decisivo” en la toma de decisiones en la Unión Europea, sino que le proporciona a Europa un modelo a seguir.

 


* Julio C. Amador es maestro en Economía egresado de la Universidad de Essex, Reino Unido. Actualmente se desempeña como investigador y profesor adjunto en el Departamento de Economía de la misma universidad. Ha colaborado como docente en la Escuela de Negocios y el Departamento de Gobierno en Essex. Su experiencia como investigador incluye participaciones con la Universidad de Atenas, Grecia,  y la Universidad de Manchester.

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