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El verdadero problema de Europa.
Escrutinio No. 52
Escrutinio No. 52
Julio C. Amador*
El 9 de mayo del presente año, el decano de la Universidad Bocconi de Milán, Mario Monti, entregó a José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, un reporte particularmente distinto a los anteriores. En él, Monti retoma una vieja idea, ahora tal vez necesidad, planteada hace casi una veintena de años por el entonces comisionado europeo Jacques Delors: la de un mercado europeo único.
El profesor Monti hace este llamado con la excusa de revitalizar la eurozona a veinte años de su creación. Si bien es patente la necesidad de inyectarle vitalidad a la Unión Europea, el problema va más allá de éste. Se trata de maniobrar para poder mantener a flote a la misma Unión Europea.
Radiografía del problema.
La tragedia griega, mote que se le dio a la crisis fiscal de aquel país, ofrece una muestra, tal vez no representativa por sus enormes dimensiones, pero sí clara de lo que sucede en la Unión Europea. Existen un número de países en el continente con serios problemas para poder financiar su gasto público, mismo que se origina de los costosísimos programas de seguridad social de los Estados europeos. Generosos programas de desempleo, pensiones y servicios de salud ineficientes, son quienes encabezan la lista de gasto en estos países.
El problema no se encuentra, naturalmente, en ofrecer este tipo de beneficios sino en el poder pagarlos. El método de financiamiento que los estados europeos habían estado utilizando para financiar estos programas eran los impuestos. Mientras hubiera una base sólida de contribuyentes que ingresen dinero al sistema, el estado podía seguir ofreciendo seguridad social de este tipo. Más aún, la base de contribuyentes existía. Sin embargo, a medida que la pirámide poblacional ha ido cambiando en Europa los ingresos fiscales se han ido reduciendo. Basta señalar que entre 2005 y 2030, la población en edad de trabajar se reducirá en 20 millones y las personas mayores de 65 años aumentarán en 40 millones. En otras palabras, menos contribuyentes y más receptores de beneficios.
Los hacedores de políticas públicas han optado, entonces, por endeudar a sus países para pagar estos beneficios. El resultado, un déficit público insostenible. Es así como la tragedia griega comenzó.
Más allá del problema…
En 2007, Jean-Claude Junker, primer ministro de Luxemburgo declaró “todos sabemos qué hacer” [con el problema del gasto público] “pero no sabemos cómo podríamos mantenernos en el gobierno una vez que lo hayamos hecho”.
La solución, como dijo el Sr. Junker, es aparentemente simple: reducir los programas de gasto social y, así el gasto público. Sin embargo, esta solución es políticamente costosa. Para muestra, es suficiente observar las violentas manifestaciones en Grecia y Lituania ante el anuncio de extensos recortes en beneficios sociales.
Para muchos gobernantes, el costo político de llevar acabo recortes en el gasto social fue más grande que el “costo” de endeudar a niveles impagables a sus países. Después de todo, si estos pequeños países no podían pagar, siempre estaba el apoyo de la Unión Europea. Este es el verdadero problema.
La Unión Europea, al aceptar a países endeudados a la comunidad y darles su apoyo, ofrece “más opciones” a sus integrantes para poder maniobrar financieramente. En principio, este es un beneficio; países menos desarrollados dentro de la comunidad pueden acceder más fácilmente a opciones de crédito, inversión y mercados estando dentro de ella. El problema se encuentra cuando se abusa de esta protección. Más aún, como la Unión Europea no cuenta con mecanismos de vigilancia y castigo, se podría decir que existe un “incentivo” para abusar de la protección europea.
Este fue el caso de Grecia; como se mencionó anteriormente, el costo político de llevar acabo recortes en los programas sociales y, reducir así el gasto público, “orilló” al gobierno a endeudarse. Lo hicieron a sabiendas que, en caso de no poder pagar, la ayuda de la comunidad europea llegaría. Así sucedió.
Soluciones al problema europeo…
El problema antes descrito es parte de la literatura económica de asimetrías de información. Estos surgen cuando un agente económico cuenta con más información que otro al momento de la toma de decisiones. En este caso, la Unión Europea no contaba con la información sobre la deuda griega (de hecho ésta fue disfrazada por medios contables), lo que le impidió actuar a tiempo.
Las soluciones a los problemas de asimetrías de información se presentan de dos formas: la primera intenta eliminar dicha asimetría por medio de mecanismos de vigilancia, y la segunda intenta eliminar el “incentivo” a seguir comportamientos incorrectos a través de castigos.
La propuesta de Alemania sobre las reformas a la Comunidad Económica Europea siguen estas líneas, haciendo hincapié en reglas más rígidas con respecto al crédito, al gasto y la competitividad, basados en sanciones para los países que incumplan. Por otro lado la propuesta francesa hace énfasis en un organismo intereuropeo que se encargue de las decisiones monetarias.
En realidad, no es claro cuál será la forma de reestructuración que tome la Unión Europea. Los alemanes no pueden confiar en que un solo grupo tome las decisiones monetarias por razones históricas. Los franceses, por su parte, argumentan que no sería posible aplicar un sistema de sanciones. Lo que sí es claro es que la Unión Europea necesita una nueva estructura; una en que las brechas de información desaparezcan y se opere con mayor transparencia. Más aún, es necesario un mecanismo que haga que las reglas se cumplan.
La teoría económica, en este caso, nos sugiere que la única solución es el establecimiento de instituciones más fuertes. El problema, ahora, es si los políticos europeos son capaces de instaurarlas.
* Julio C. Amador es maestro en Economía egresado de la Universidad de Essex, Reino Unido. Actualmente se desempeña como investigador y profesor adjunto en el Departamento de Economía de la misma universidad. Ha colaborado como docente en la Escuela de Negocios y el Departamento de Gobierno en Essex. Su experiencia como investigador incluye participaciones con la Universidad de Atenas, Grecia, y la Universidad de Manchester, Reino Unido.
