Más allá del vuelo de la Monarca. Calderón visita Canadá.

16 Junio, 2010
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José F. Trejo Hebrero

Escrutinio No. 50

Escrutinio No. 50

José F. Trejo Hebrero*

 

Una mirada a la relación México-Canadá en el marco de la integración norteamericana

El Presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, comenzó el discurso que dirigió ante el Pleno del Parlamento de Canadá el 27 de mayo, en el marco de su reciente visita a este país, aludiendo a los vínculos y al terreno común que compartimos los mexicanos y los canadienses. Nada nuevo. Recordó la travesía que realiza la Mariposa Monarca entre Canadá y México, por cierto, ahora amenazada por la tala clandestina, y aseveró que simboliza los vínculos naturales existentes entre ambos países. Sin embargo, más allá de la retórica, queda la duda, pues recordemos que este viaje atraviesa, ineludiblemente, por los Estados Unidos.

Es cierto, la visita que el Presidente Calderón hizo a nuestro vecino del norte –lejano- nos da un buen pretexto para mirar más allá de la Casa Blanca. Sin embargo, también nos da pie a analizar si efectivamente el acercamiento norteamericano que caracteriza al vuelo de la Monarca se asemeja naturalmente a la relación que sostenemos con nuestra contraparte canadiense en el TLCAN. Es decir, si el proceso de integración en América del Norte, comenzado hace casi dos décadas, ha estimulado o desincentivado la construcción de vínculos bilaterales.

¿Cuáles fueron los resultados de esta visita? ¿Cómo se enmarcan en el proceso de integración regional iniciado por el TLCAN? ¿Qué peso tienen los Estados Unidos? ¿Qué futuro se vislumbra? Son algunas preguntas que quedan por resolver tras el vuelo de regreso de nuestro presidente.

 

La Visita

La Visita Oficial del Presidente Calderón a Canadá se realizo a invitación del Primer Ministro Stephen Harper, y se llevo a cabo los días 26, 27 y 28 de mayo en las ciudades de Ottawa, Toronto y Montreal. Según información oficial, los objetivos de este acercamiento fueron, primero, impulsar la relación comercial y la inversión canadiense en México y, segundo, dar continuidad al dialogo político entre ambos países. En este sentido, es importante recordar que el último encuentro entre los dos mandatarios fue durante la Cumbre de Lideres de América del Norte, que ocurrió los días 9 y 10 de agosto del año pasado.

Resumen de actividades y actores

Las actividades oficiales comenzaron el 27 de mayo en la ciudad de Ottawa con un mensaje del Presidente en el Pleno del Parlamento. Siguieron con una reunión privada con el premier canadiense Stephen Harper (@pmharper), que fue precedida por una rueda de prensa conjunta, y continuaron con una visita a Michaëlle Jean (@ggmichaellejean), Gobernadora General de Canadá.

La agenda de ese día concluyo en la ciudad de Toronto, donde sostuvo una reunión con Michael Ignatieff (@M_Ignatieff), presidente del Partido Liberal (además, líder de la oposición), y un encuentro empresarial organizado por el Canadian International Council.

El 28 de mayo, segundo y ultimo día de actividades oficiales, comenzó con un dialogo con directivos del sector turístico canadiense y continuó con una reunión con el Consejo Editorial del periódico The Globe and Mail (que, junto con The National Post y The Toronto Star, es de los mas importantes en el país).

Las labores de la visita presidencial concluyeron en la Ciudad de Montreal, donde el Presidente Calderón sostuvo un encuentro con directivos de la empresa Bombardier y una reunión de trabajo con el Premier de Québec, Jean Charest (@jeancharest).

 

Palabras del Presidente Felipe Calderón al Parlamento canadiense (27 de mayo de 2010)

Las percepciones y los resultados de esta visita fueron diversos. En lo político hubieron cuatro grandes temas: visas, seguridad, impuestos al sector financiero y medio ambiente. En lo que respecta a sus reuniones con el sector privado, se abordó la inversión de grupos transnacionales canadienses en México y el estímulo al turismo (pese al clima de inseguridad creciente en nuestro país).

Los mensajes y la postura del Presidente fueron percibidos como audaces y un tanto atrevidos (al igual que los cuestionamientos que le hicieron los medios canadienses. Ver entrevista de Calderón con CBC). Un claro ejemplo de ello ocurrió durante la rueda de prensa conjunta. “In México we can not wait for the developed countries to make a decision… we know that the quality of life is at risk”, comentó el Presidente Calderón cuando hablaba sobre la iniciativa de México en torno a las acciones verdes que su gobierno encabeza (con miras a la cumbre de Cancún). Frente a la prensa, nuestro Primer Mandatario intentó incitar a Stephen Harper a dar pasos a favor del medio ambiente aún sin la venia de los Estados Unidos. Aunque el Primer Ministro defendió la postura canadiense sobre un “esfuerzo conjunto norteamericano” en el tema, la opinión pública de este país percibió, una vez más, el esfuerzo de México por tomar la iniciativa en la región, sin pasar por alto el ambiente álgido que se vivió tras estas declaraciones.

En términos de política exterior, los resultados de esta visita, en opinión de algunos expertos como Carlo Dade y Olga Abizaid, de la Fundación Canadiense de las Américas (FOCAL), dan un nuevo respiro al proceso de fortalecimiento la relación bilateral. Se firmó el Plan de Acción Conjunto México-Canadá, un nuevo mecanismo que busca fortalecer la relación estratégica entre ambos países. Esta iniciativa contempla establecer cuatro prioridades en la agenda bilateral: el fomento de economías competitivas y sostenibles, la protección de ciudadanos, el fortalecimiento de la movilidad de personas (por ejemplo, académicos, estudiantes, miembros de ONGs) y el estímulo a los negocios, y, finalmente, la búsqueda de una postura conjunta en torno a temas globales.

En términos de intercambio comercial, el resultado más importante provino de la decisión de la multinacional de origen canadiense Bombardier. Ésta informó, tras su reunión con el Presidente Calderón, sobre su inversión de 400 millones de dólares en México durante los próximos tres años. Esta cantidad se destinará tanto a sus instalaciones en la ciudad de Querétaro (donde se trabajan cuestiones relacionadas a la aeronáutica), como a la manufactura de equipo ferroviario.

Sin embargo, es justo analizar estos resultados bajo una visión mucho más amplia de la relación bilateral. Es cierto, actualmente se documenta una tendencia creciente en los intercambios bilaterales subnacionales (mayor actividad entre estados de la República Mexicana y provincias canadienses), ha habido cooperación en materia de seguridad (entrenamiento de cuerpos policíacos mexicanos por la Real Policía Montada Canadiense, e instrucción a jueces en materia de procesos penales) y de salud (dada la reciente crisis sanitaria en México), pero, ¿estos intercambios han transformado sustancialmente los vínculos bilaterales?

Para algunos académicos, como Susana Chacón, la naturaleza incipiente de nuestro acercamiento bilateral se debe esencialmente al desconocimiento (tanto de la clase política como de la sociedad en general) de Canadá en su conjunto. Sin embargo, ¿será el desconocimiento el único factor que ha imposibilitado una relación mucho más estrecha?

 

¿Un vuelo trilateral?

Para entender la relación entre México y Canadá es imprescindible enmarcarla en el proceso de integración norteamericana iniciado tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Harper, Calderón y Obama.

Para muchos (incluyendo estudiosos, políticos y sociedad en general), los efectos del TLCAN en México son cuestionables. Lo cierto es que sus resultados en términos de las metas establecidas en el tratado son irrefutables. Tras su entrada en vigor, y hasta el momento (con excepción de los años 2001 y 2002), el comercio internacional y los flujos de inversión intrarregionales han seguido una tendencia positiva.

Estadísticas oficiales demuestran que el crecimiento en el comercio en América del Norte entre los años 1993 y 2007 fue del 210%. En lo que respecta al comercio entre México y Canadá, éste creció un 2%, mientras que entre México y los Estados Unidos lo hizo un 9%. En términos de Inversión Extranjera Directa (IED), los flujos sufrieron igualmente un aumento importante. Entre los años 1987 y 2005, la IED de Canadá hacia México creció de $190 millones de dólares a $2.6 mil millones de dólares, mientras que en el sentido opuesto la IED mexicana creció de $11 millones de dólares a $170 millones en Canadá. La inversión estadounidense en México creció casi 12 veces, de $5.4 mil millones de dólares a $71.4 mil millones; mientras que la inversión mexicana en Estados Unidos creció de $180 millones a $8.7 mil millones de dólares1.

Sin embargo, este crecimiento en los flujos económicos no vino aparejado con un crecimiento en lo institucional. Por el contrario, se han acentuado las diferencias de poder entre los tres países. Por un lado, el TLCAN evidenció el peso de los Estados Unidos sobre sus contrapartes; y, por el otro, hizo explícita la preferencia de Canadá por conservar la “relación especial” con los Estados Unidos sobre el multilateralismo regional.

La política exterior norteamericana se ha mantenido, como siempre, apegada a sus intereses, por ello ha seguido la antigua estrategia de “divide y vencerás”. Los Estados Unidos han favorecido el trilateralismo a conveniencia, manteniendo dos relaciones bilaterales como el mecanismo predominante en la región y estimulando la relación bilateral entre sus contrapartes a discreción.

Por ejemplo, Estados Unidos ha dado el visto bueno al acercamiento entre México y Canadá en materia de seguridad (fortalecimiento institucional del sistema judicial y entrenamiento de las fuerzas armadas y policiales), pues sabe que este tema es delicado en su relación con México y está en los primeros lugares de su agenda bilateral. Otro caso es el de la inversión canadiense en el sector minero mexicano, que supera el 70% del total de la inversión extranjera en esta rama. Ante la creciente competencia de empresas chinas, Washington ve con buenos ojos la preponderancia canadiense.

Por su parte, Canadá, a pesar de haber propuesto la idea del TLCAN y de caracterizarse por favorecer el multilateralismo en su política exterior, ha demostrado poco o nulo interés en crear instituciones tripartitas en América del Norte. Además, cuando ha tenido ocasión, se ha desvinculado de los mecanismos regionales.

Existen diversos ejemplos. Uno de ellos fue la negación que John Manley le hizo al entonces canciller Jorge Castañeda cuando éste le planteó la posibilidad de un esfuerzo conjunto por establecer fronteras inteligentes tras los atentados del 9/11. Otro claro ejemplo, en este mismo sentido, es el reclamo del gobierno de Canadá ante la declaración de la Secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, cuando propuso un trato igualitario por parte de Estados Unidos a sus dos fronteras en 2009.

¿Qué explica esta incongruencia en la política exterior canadiense? ¿Por qué favorece el multilateralismo en el mundo y lo rechaza en el ámbito norteamericano?

El académico Robert Pastor sugiere diversas razones. Primero, que los canadienses temen “mancharse” al asociarse con México, un país que, a sus ojos (y al de muchos otros), se caracteriza por el narcotráfico, la violencia y asuntos migratorios complejos. Otra razón sugerida es que los canadienses suponen que su histórica “relación especial” con los Estados Unidos puede verse mermada si se alían con México. Una tercera razón sugiere que los canadienses perciben que una aproximación trilateral en su agenda con los Estados Unidos puede significar una disminución en la eficacia de sus negociaciones.

Por su parte, el consultor Armand Peschard propone dos elementos para la discusión. Primero, que el gobierno canadiense ve al trilateralismo norteamericano como un elemento que debilita su relación con los Estados Unidos. Segundo, que Canadá ha fallado en reconocer la importancia estratégica de México en la región y en el mundo.

Un tercer punto de vista para dar respuesta a la pregunta propuesta es entender los motivos que llevaron a Canadá a iniciar la relación trilateral en América del Norte mediante la firma del TLCAN. Saber si atendió a una visión generada a partir del regionalismo europeo o, simplemente, fue un movimiento defensivo para mantener y, eventualmente, potencializar los beneficios que había firmado con los Estados Unidos en su propio Tratado de Libre Comercio años atrás.

Lo cierto es que la relación bilateral entre Canadá y los Estados Unidos en el marco de la integración de América del Norte es de suma importancia tanto en la creación de vínculos multilaterales en la región, como en los vínculos entre Canadá y México. Pues, como John Manley y Gordon Giffin aseveran en un artículo que lleva por nombre “A table for two, not three”:

Canada and the United States share a special long-standing relationship that doesn’t include Mexico. [We ]share a “special relationship” [… that] is a unique bilateral relationship, a model in international relations built over many decades based upon similar values and democratic institutions and common heritage.

        …

Canadá y Estados Unidos comparten una larga y especial relación que no incluye a México. [Nosotros] compartimos una “relación especial” [… que] es una relación bilateral única, un modelo en las relaciones internacionales construido por muchas décadas basado en valores  e instituciones democráticas similares y en una herencia común.

 

Lo que nos espera

Para comenzar a cerrar este análisis me parece importante hacer algunos apuntes generales sobre la naturaleza de las relaciones interestatales.

Hay que recordar que las relaciones entre países se rigen por intereses (personales, públicos o privados) que van desde los económicos hasta los culturales, y que pueden ser internos (en distintos niveles, ya sea local o nacional), externos o transnacionales. Incluso, según algunos estudiosos, también se ven afectadas por la personalidad misma de quien los gobierna.

Elementos como los juegos de poder y la institucionalidad al interior de un Estado, o como la carga histórica determinan, en gran manera, los resultados de la política exterior y el grado de acercamiento que pueda tener con otro u otros. De igual forma, el acomodo de poder en el escenario internacional, las exigencias económicas y la multiplicidad de actores en el ámbito global afectan las relaciones interestatales.

Así pues, bajo estas consideraciones, debemos de entender el intrincado camino que ha recorrido nuestro país y el de la hoja de Maple hasta nuestros días. Y bajo estos mismos parámetros debemos partir si queremos vislumbrar posibles escenarios futuros en esta relación.

En este sentido, para seguir dilucidando si la relación México-Canadá efectivamente se asemeja, o no, al vuelo de la Monarca, es importante entender, primero, que la relación entre ambos países, si bien tiene más de 60 años de historia, hace menos de dos décadas que comenzó a experimentar un acercamiento importante. Segundo, que la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte significó, al mismo tiempo, un mecanismo de profundización (económica principalmente), y un esquema que alejó a México del multilateralismo que ha caracterizado la política exterior canadiense. Tercero, y como parte de la aseveración anterior, que nuestra proximidad geográfica con los Estados Unidos mantiene una injerencia importante, ya sea dentro del marco multilateral o bilateral, sobre la relación entre ambos países.

Finalmente, para entender la trascendencia de la reciente visita del Presidente Felipe Calderón a Canadá es importante formular distintos cuestionamientos que nos den luz sobre el futuro de los vínculos (naturales o no) que el día de hoy y mañana nos acercarán.

Primero, hay que preguntarnos si la falta de voluntad de Canadá por favorecer el multilateralismo regional, a cambio de mantener su “relación especial” con los Estados Unidos, afecta de manera positiva o negativa a la relación bilateral. Es decir, es pertinente preguntarse si sólo a través del multilateralismo regional Canadá y México pueden encontrar puntos afines, que generalmente significarían contrapesos a las decisiones de los Estados Unidos, o si podría haber un fortalecimiento de la relación bilateral fuera de este esquema.

En este sentido vendría un segundo cuestionamiento. ¿Podemos entonces catalogar como efectivos los mecanismos que durante los últimos años se han cristalizado en el ámbito bilateral, tales como el recién firmado Plan de Acción Conjunta México-Canadá? ¿En qué sentido?

Por último, y más allá del asunto de las visas (que es más una cuestión de política interna), temas como la cooperación en materia medioambiental, de seguridad y energía, donde Canadá lleva un liderazgo activo (a veces, abusivo), o los acercamientos subnacionales entre ambos países, ¿podrían considerarse como verdaderos puntos de encuentro y cooperación, o como mero material discursivo? ¿Será que el trilateralismo en América del Norte no excluye dinámicas bilaterales sólidas? ¿Será posible tratar distintos temas en la agenda de los tres países de manera diferenciada, es decir, multilateral y/o bilateralmente? Ustedes juzguen.

1 Banco Mundial. Para más información: “Lessons from NAFTA for Latin American and Caribbean (LAC) Countries: A Summary of Research Findings”. Daniel Lederman, William F. Maloney, y Luis Servén.


* José F. Trejo Hebrero es licenciado en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México, y tiene estudios de postgrado en Estudios Internacionales por la Escuela de Graduados de Administración y Política Pública (EGAP) de la misma institución. Además, ha completado cursos de especialización en diversas universidades nacionales y extranjeras, tales como El Colegio de México, CIDE, UNAM y la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como pasante en el Centro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en la Ciudad de México, y como asistente de investigación en el Centro de Diálogo y Análisis sobre América del Norte (CEDAN) del Tecnológico de Monterrey. Desde enero de 2010 participa en Programa de Formación de Liderazgos Juveniles auspiciado por la Fundación Ethos. Actualmente se encuentra laborando en la Fundación Canadiense para las Américas (FOCAL) en la Ciudad de Ottawa, Canadá.

jf.trejohebrero@gmail.com

Twitter: @JoseTrejoH

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