Espejismos tricolores
Héctor Alfonso Morales
Que nadie se mueva. En medio del desierto de los últimos años, el Tri vio un oasis, un espejismo, con las victorias ante Nueva Zelanda y Bolivia.
El cuadro de Oceanía es el equipo 80 del orbe, según la clasificación de la FIFA; Bolivia, el 58. Y próximamente México, la selección 15, se enfrentará a la 102, Corea del Norte. ¿Son parámetros?
Claro, el conjunto tricolor mostró dinamismo y variantes como pocas veces se le había visto. Ganó como debía de ganar y eso ya es ganancia para un ciclo mundialista que ha tenido más bajadas que subidas.
El Tri no calificó a los Juegos Olímpicos y, pese a la debilidad de los rivales de la Concacaf, sufrió para asistir al Mundial de Sudáfrica. Por eso, las victorias ante los neozelandeses y bolivianos producen cierto aire de trascendencia para la Copa del Mundo.
Sin embargo, es poco lo que se puede rescatar de ambos duelos. Quizá la confirmación de que Javier Hernández y Carlos Vela pueden ser la solución de cara a la meta contraria con sus goles sacados de la chistera.
También Jonathan dos Santos mostró buen nivel, a pesar de lo endeble de la marca rival que, ante su movilidad, Nueva Zelanda no entendió nunca cómo marcarlo.
Las grandes incógnitas están en las figuras de Giovani y Cuauhtémoc Blanco. El futbolista del Galatasaray turco no ha logrado pesar cuando tiene la verde y sólo muestra destellos intrascendentes del talento que, sin duda, tiene.
Por su parte, Blanco, a sus 37 años (situación que él mismo acepta lo pone a competir en desventaja frente a los rivales), ya no es el mismo de Francia 98 y Corea y japón 2002. Hoy se muestra lento, con falta de ritmo y desequilibrio.
¿Qué equipo serio mundialista basa sus esperanzas de llegar lejos en Sudáfrica en un futbolista tan veterano como Cuauhtémoc? Ninguno.
Todavía quedan unos cuantos meses y partidos antes del puntapié inicial contra los sudafricanos. Habrá que esperar la gira por Europa para saber a qué aspira el Tri. Mientras tanto que nadie se mueva y que no nos vendan humo: México aún está lejos del nivel que lo lleve al quinto partido o más allá en el Mundial.
Bolivia y Nueva Zelanda no son parámetros. Viene lo bueno.
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