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Sólo muertos nos podrán callar
Escrutinio No. 75
Para poder entender los alcances de una generación es necesario revisar su grado de participación política, su nivel de conciencia colectiva, sus manifestaciones culturales, su necesidad de trascender en la historia del país y sus formas de socialización. La contracultura[1] de las sociedades posmodernas crea movimientos que caracterizan a generaciones enteras, misma que, normalmente, se puede observar con mayor exactitud en la música. Este vehículo de movimiento e identificación generalmente juvenil, se gesta como un mecanismo de escape, que canaliza los descontentos, indignaciones y necesidades de cambio que pide este segmento de la sociedad. El rock ha sido precisamente la forma en que varias generaciones han demostrado su inconformidad frente a los modelos gubernamentales, su fuerza e intensidad sirvieron para que jóvenes de distintas generaciones, se identificaran y lo adoptaran como bandera para tratar de crear conciencia social.
La música es uno de los elementos más fuertes que el hombre ha creado, tanto que, los principales filósofos y políticos han abogado por tenerla bajo control, incluso plasmándose esta regulación en algunas constituciones antiguas. El mismo Darwin planteó en alguna ocasión que la música había surgido del grito desesperado del hombre primitivo, algunas otras teorías como las teológicas indican que la música es la evolución de la expresión del hombre y que ésta sirvió de canal para comunicar los sentimientos y oraciones a los dioses.
La música se ha encargado de cambiar sociedades y por ende, al mundo mismo. Es justo en esta orden de ideas donde podemos encontrar el nacimiento del rock, ya que este género nace de la marginación, de las ideas de alcanzar igualdad entre los hombres y sus necesidades, tanto económicas como sociales. Así, el rock comenzó a ser un referente para los jóvenes, segmento social más receptivo frente a la inconformidad social, este (el rock) construía sus propios foros de expresión, sus propios medios, sus propios códigos, su propia conciencia y su propio público. Esto fue aprovechado por el Gobierno, en varias ocasiones para amalgamar a las masas y cubrir sus necesidades de identificación en los ídolos musicales.
Así comienza una era, marcada por el consumismo musical y por la necesidad de reconocimiento juvenil en la sociedad. La identificación de estos con los grupos o con las letras de los mismos, trajo como consecuencia la masificación y las tendencias, modas, generación de grupos urbanos pero sobretodo, la identificación de los jóvenes con el estilo de vida de estos músicos y la imitación en muchos casos.

México cuenta con una historia muy particular al respecto, ya que durante décadas quien dominó el espectro musical fue Televisa y su conductor favorito Raúl Velasco, presentando “estrellas” hechas en casa, hijos de actores que se presentaban como bandas de corte infantil, grupos de jóvenes que la única gracia que tenían era aparecer semidesnudos y saber bailar bien. Sin embargo, en paralelo, todo un movimiento se gestaba marginalmente, a la sombra del gigante televisivo, poco a poco el rock comenzó a ganar terreno en los hoyos funk, con la fuerza y necedad de varias personas que veían en el rock la oportunidad de construir una base fuerte para las futuras generaciones.
La sociedad se negaba a dejar que sus jóvenes se identificaran con estos nuevos ritmos y modos de ver la vida que mostraba el rock, la lucha por los espacios fue cada vez más intensa, algunos de ellos se ganaron, tal como sucedió con la emblemática estación de radio, Rock 101, que participó en la formación de toda una generación que ya no dejaría que los espacios abiertos por esta lucha contracultural se cerraran. No más Siempre en domingo, ni los “artistas” que salían ahí, no más play back para la música, no más grupos de “plástico”, no más imposiciones, los jóvenes estaban listos para una nueva experiencia en la música: la llegada del rock mexicano.
Los grupos que se mostraron en este nueva etapa de la música mexicana eran una mezcla rara de peinados y vestimentas como en los países anglosajones, pero la música en sí era una fina conversión del rock a un sonido latino que, ya sea por cuestión de influencia o del mestizaje, nunca se pudo alejar del contratiempo, ni de los sonidos tribales. La inercia los llevó por un camino que paulatinamente se abrió terreno al mundo entero.
Primero, se defendió lo patrio y lo bailable con grupos cómo Botellita de Jerez, Jaime López, Cecilia Toussaint y demás bandas que hicieron un esfuerzo por abrir los primeros recintos donde se escucharía música de y para los jóvenes. Este fenómeno se esparció por todo Méxic, todas las regiones participaron de él, el rock mexicano se alejó poco a poco del rock “en ingles” y se dio un estilo propio.

Ya ganado el espacio, la proliferación y los concursos se hicieron presentes, hacían su aparición bandas como Los amantes de Lola, Fobia, Maldita Vecindad, Caifanes, Neón, etc. Fue tan impactante el efecto que causaron estos nuevos exponentes, que los empresarios voltearon a ver a los jóvenes, éstos se convirtieron en una potencial fuente de ingresos, para llenar foros y estadios, además de ser un público capaz de ver, por fin, a bandas de otras partes del mundo.
Los discos de vinilo y los casetes llegaron para quedarse, la música comenzaba a ser el distintivo de una generación que quería gritar, bailar y sentir que la música rock no sólo se hacía en lenguas distintas a la nuestra. La “generación X”, con todo lo que la connotación implica, sería la primera generación de jóvenes que se identificaba con una forma de ser, de pensar y de actuar. El rock se instaló en México para lo que fue hecho, una forma de crítica al sistema dominante y una forma de indicar el descontento masivo frente a los programas de gobierno y la falta de tacto político de nuestros gobiernos.
Es aquí donde pondremos énfasis en la relación existente entre una generación (X) y su música, ya que la reflexión necesita de un espacio en la oposición, es decir en la lucha. El pensamiento, dice Holloway “nace de la ira, no de la quietud de la razón”[2] . Los jóvenes que pertenecen a esta generación estaban, de acuerdo con los cánones, a la deriva, pues no conocieron ni guerra ni pos guerra y esto, según los expertos, los hacía insensibles a una realidad que no conocían y que no sentían, pues los frutos de la sociedad no les pertenecían, los logros del país les eran ajenos y poco se comprometían con las causas sociales.

Tras el avance de la derecha en el mundo y el evidente fracaso de izquierda, estos ahora ya no tan jóvenes, comenzaron a resentir la falta de programas sociales en México, se volvió una generación de ciudadanos en busca de trascender en el empleo, de puestos que correspondan con sus niveles de estudio, acceder a una vida como la que sus padres llevaron o, cuando menos con una vida digna después de jubilarse, tal como lo hicieron sus padres y abuelos. De todos modos no iban a ser jóvenes siempre.
Algunos grupos trascendieron, otros no, algunos se desintegraron en el intento, otros no fueron tan buenos como para quedarse en el tiempo. Los que por la calidad de su música fueron irremplazables son pocos, Soda Stereo, Caifanes, son los ejemplos más substantivos de estas bandas que llegaron para quedarse, que además toda una generación cantó, vibró, se identificó con sus letras, gritó con ellos para hacer de esta realidad algo mejor, hasta trascender a las generaciones siguientes.
El sábado 1 de octubre poco antes de las 9 de la noche, el Palacio de los Deportes fue testigo de un reencuentro. Caifanes y su “generación X” se volvieron a ver las caras, Saúl Hernández, Sabo Romo, Alfonso André, Diego Herrera y Alejandro Marcovich juntos una vez más, tocando de frente a “su raza”.
La gente que se dio cita al encuentro no paró de cantar, fue un concierto del recuerdo, de añoramiento de los tiempos perdidos, de comunión entre una sociedad ávida de reír, cantar, bailar y olvidarse del peor sexenio que ha tenido el país en materia de muerte y violencia, cinco músicos que estaban dispuestos a tocar por más de dos horas y media en una velada dispuesta para sus fanáticos de hueso colorado.
La voz de Saúl ya no es la misma, los acordes de Marcovich por momentos se perdían, la banda no parecía serlo más, cada quién estaba en su papel, hasta que Sabo Romo se encargó de poner orden y fusionó al público con la banda, aun así nada fue impedimento para que todos los ahí reunidos brincáramos de principio a fin del concierto. Parecía ser la noche de una generación que no encuentra cabida en esta sociedad, que está cansada de tanta violencia, que grita “ya basta”, que se organiza, que no quiere un México rojo de sangre, que comienza a darse cuenta que el cambio de partido en el poder no fue la opción correcta, pero que sabe que tampoco el regreso del PRI lo será.

Quien llevó de principio a fin la velada fue el público, que coreó todas las canciones y no le permitió a la banda que tocara más lento o que “popeara” las rolas que en su juventud hicieron que bailara con frenesí y esperanza. Se vio una generación que aún tiene la fuerza de hace algunos años, una generación que sabe cómo hacerlo, una generación que está necesitada de un cambio social y que encuentra en la música un escape a sus frustraciones.
Se demostró una vez más que México es más que un puñado de políticos corruptos y con poca imaginación, que México es más que un duopolio televisivo que se aferra a crear una realidad alterna que no corresponde con el país, que México es su gente, su voz, sus ganas, su fuerza, sus ansias por un país mejor, sus gargantas gritando más fuerte que antes “Nunca nadie nos podrá parar, sólo muertos nos podrán callar”…
Jesús Eduardo Hernández Estrada.
[1]La contracultura es un movimiento de rebeldía en contra de los valores, tendencias y formas establecidas en una sociedad, esta clase de movimientos sobreviven al margen del mercado y de los medios de formación de masas como alternativa a la cultura predominante.
[2]Holloway Jhon, “Cambiar el mundo sin tomar el poder”, 1era edición, Ediciones Sísifo, México. 2010.

05 OCTUBRE, 2011
FOFFICHMas que excelente!!!!
08 OCTUBRE, 2011
TATIANA MUñOZ SLa música es un elemento importantísimo para cualquier sociedad porque es una expresion artística de las mismas, pero sea la corriente que sea, la música siempre te lleva a momentos que ya pasaron, te hace recordar y para mi recordar, es volver a vivir!!!!!
11 OCTUBRE, 2011
NOEMI DESEUZACuando en algún lugar hay crisis como la que vivimos hoy, es necesario crear espacios alternativos que nos permitan (aunque sea por un momento) pensar que las cosas pueden ser distintas. sin duda, la música representa un factor de cohesión dentro de cualquier sociedad, y efectivamente representa un grito de esperanza y unidad, que marcan no sólo a una época, sino a cada uno de nosotros.
felicidades jesús!!!!