Más leidas en Cultura
Artículos relacionados
Artículos más comentados
Artículos más comentados (histórico)
José Saramago: el hombre que detuvo el tiempo
Escrutinio No. 72
Alfonso Hernández
“Nací en una familia de campesinos sin tierras... Mis padres se llamaban José de Sousa y Maria da Piedade. José de Sousa habría sido mi nombre si el funcionario del Registro Civil, por iniciativa propia, no le hubiese añadido el apodo por el que mi padre era conocido en la aldea: Saramago..."
"Aunque había venido al mundo el día 16 de noviembre de 1922, mis documentos oficiales dicen que nací dos días después, el 18. Gracias a este pequeño fraude, mi familia pudo escapar del pago de una multa por no haber declarado mi nacimiento en el plazo legal”.
José Saramago

Fuente: portal del Museo de San Ildefonso
En junio de 1986, por extraño que parezca, el novelista José Saramago logró separar dos días con una sola flor de por medio; la causa, es preciso señalarlo, fue un encuentro que lo marcó de por vida. Un encuentro que lo marcó a él y también a ella. Sí, porque la causa de la flor fue Pilar del Río, periodista española que años más tarde sería la segunda esposa del Nobel portugués, y la primera mujer en motivar una flor para detener el tiempo, al menos en la memoria de José.
Entrar y salir siempre ha sido (en apariencia), sencillo. El problema, si es que puede haberlo, comienza cuando uno permanece. De eso se trata la exposición que el Antiguo Colegio de San Ildefonso montó con motivo del primer aniversario póstumo del único Premio Nobel en lengua portuguesa: José Saramago: La consistencia de los Sueños, y que estará hasta el próximo 2 de octubre.
La exposición es una reconstrucción de los aspectos intelectuales, políticos, periodísticos y sobre todo humanos que formaron parte de “Zezito”, como se le conoció al escritor lusitano durante su infancia. Todo lo anterior se pone de manifiesto en un ambiente donde la invitada principal, aparte de Saramago, es la palabra.
Y es que las palabras luminosas no aparecen en cualquier exposición pero sí en ésta. El público es capaz de participar, adentrarse y escudriñar en las diversas formas que adoptó la palabra de José a lo largo de su vida. Y, gracias a las características de la misma, es posible la interacción entre los propios asistentes, a través de una participación, donde el tópico principal es la obra narrativa del autor portugués.
Fotografías, manuscritos, borrones, tachaduras, una máquina de escribir, así como fragmentos del cortometraje José y Pilar y diversas entrevistas, son elementos que constituyen el horizonte donde se asoma un escritor inconforme con la realidad que lo rodeó y de la que formó parte.

José Saramago y Pilar del Rio. Fuente: http://www.expofoto.com
No obstante, ¿qué hace a un escritor bueno o malo? ¿Su obra, sus acciones en vida, su personalidad? La pregunta es obligatoria. No se trata de ser necio en un rubro tan delicado y de miras siempre insatisfechas como lo es la literatura, sino un espectador crítico de aquello que se lee, sin las generalizaciones que de poco valen.
El discernimiento entre el hombre político, el intelectual y la persona que fue José Saramago es una cuestión capital en la comprensión de su obra. También es preciso entender las situaciones que lo determinaron desde niño. La pobreza, las carencias de las que fue objeto y la familia que lo vio crecer, todo (o al menos todo), como piezas del entramado que significó la vida y obra del escritor laureado en 1998 con el premio Nobel de Literatura.
Durante la exposición se llevan a cabo visitas guiadas con el fin de esclarecer la información brindada, ahondar en los detalles del escritor y disipar las dudas del público. Entre la infinidad de artículos presentados, los visitantes se detienen en aquellos que capturan su atención, algún libro, una pluma estilográfica, quizá, la colección de caballos que cuidó con esmero.
José Saramago no tenía manías, sin embargo, gustaba de salir a caminar y, mientras andaba, recolectaba piedras. Piedras que equipara con las palabras: la consistencia de unas era la consistencia que podían tener las otras. Así los sueños.
La exposición José Saramago: La consistencia de los sueños busca desentrañar las diversas facetas de uno de los literatos más importantes del siglo XX. En esta labor sólo un requisito es imprescindible entre los asistentes: prestar atención.
Después de todo; antes de aprender a leer, aprendemos a mirar. En junio de 1986, por extraño que parezca, el novelista José Saramago logró separar dos días con una sola flor de por medio: El 11 de junio de aquél año, José conoció a Pilar del Río. Ambos se conocieron.

