Rita Guerrero: una pérdida insustituible

20 Marzo, 2011
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Escrutinio No. 64

 

 

Por Luis Josué Lugo

 

“Si pudiera dejar de pensar. Aunque me quede, aunque me acurruque en silencio en un rincón, no me olvidaré. Estaré allí, pesaré sobre el piso. Soy, soy, existo, pienso luego soy”, profería Rita Guerrero en “Labios mojados”, una de sus tantas canciones con la agrupación Santa Sabina. 

 

Hoy, la soprano dejó de pensar y quedó como un recuerdo incólume dentro de las mentes de sus seguidores y en la memoria musical del rock en México por su calidad musical y lírica. 

 

Desde su trinchera, los amantes de la buena música, aseguran que no la olvidarán, sea sobre su tocadiscos, o sobre el piso (o habrá que decir: “desde el cielo”); pues indudablemente, al hablar de sensibilidad, compromiso y brillantez, se pensará en Rita Guerrero. 

 

Rita Guerrero, quien adujo ““Amar es morir lentamente” estudió piano en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara, su padre fue trompetista y su abuelo clarinetista. En 1984 ingresa al Centro Universitario de Teatro de la UNAM, para cursar la carrera de Actuación. Durante este período realizó varias obras de carácter formativo-profesional 

En 1987 habiendo terminado la carrera de actuación, de manera independiente participa como actriz y asistente de dirección en dos obras dirigidas por David Hevia.

En 1989 fundó Santa Sabina, con ese grupo realizó conciertos en los foros más importantes del país, Estados Unidos y Europa. 

 

De forma prematura (apenas a sus 46 años), una de las mejores voces del rock nacional -quizá la mejor- dejó de tintinear, al cabo de una mala jugada proporcionada por la vida y la pésima atención del “seguro popular” proporcionado por el gobierno federal, Rita Guerrero, vocalista del grupo Santa Sabina, murió de cáncer de mama, dejando a su esposo y a un hijo. 

 

La escena musical nacional perdió una de sus más grandes exponentes, no sólo por su calidad interpretativa y desarrollo escénico, sino también por su particularidad como persona; por sus letras inspiradas en la poesía y sus ideas vindicativas, en un momento donde hacen falta artistas que funjan como “consciencias de sus pueblos” capaces de ver más allá del mero sentido estético.  

 

La interprete de temas como "Sueño con serpientes", "Azul casi morado", "Distante instante" y "Miedo" fue lo mismo actriz, que intérprete, cantante, maestra, conductora de televisión. 

 

Siempre con elementos revolucionarios en sus discursos, en todo momento comprometida con causas sociales y una de los últimos pilares de aquélla generación dorada del rock nacional, con grupos como Caifanes, La Lupita, Tijuana no, Café Tacuva y Santa Sabina. 

 

Hace un año (2010), la también compositora de música antigua, barroca y medieval, materializada en grupos como Ensamble Galileo y el Jardín de las delicias, se enteró que tenía cáncer de mama, y aunque sus amigos, tales como Julieta Venegas, Maldita Vecindad, La Lupita y Café Tacuva, la apoyaron mediante conciertos, no pudieron frenar el avance de la enfermedad mortal. 

 

Además de que, en el lugar donde fue atendida -en el Hospital General-, mediante el “seguro popular”, padeció la poca flexibilidad y cerrazón del personal.  

 

Al final, como profería Leonardo Da Vinci: “Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.” Y así, en  cuanto a lo dulce, Rita dejó mucho para el rock y la música nacional. 

 

Sus logros, medidos en términos cuantitativos y cualitativos, conminan a la creatividad en combinación con el idealismo, materializados en propuestas frescas para un público cansado de lo mismo. 

 

Sin grandes apoyos de por medio y con un discreto paso dentro de los medios colectivos de comunicación, Rita Guerrero y Santa Sabina, dieron una lección a distintos músicos, al consolidadas como una de las agrupaciones más emblemáticas y mejor ensambladas, a sabiendas de su talento lírico, interpretativo y escénico. 

 

Por otro lado, la muerte de Guerrero, muestra una temible realidad con la que día a día conviven los mexicanos (y contra la que ella tanto luchó): la ineficiencia en los servicios de salud. 

 

De poco valen las suposiciones, pero a manera de reflexión queda en el aire el esgrimir: “si la hubieran atendido bien en el Hospital General, hoy su voz seguiría embelesando la ávida situación de verdades que conviertan la irrealidad en realidad.” 

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