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El cine mexicano en tiempos del Bicentenario
Escrutinio No. 54
La aberrante celebración de esa enorme falacia denominada Bicentenario de la Independencia, ha dejado tras de sí una abundante cantidad de acciones igual de absurdas e irracionales, cuya descripción seguro abarcaría una enorme cantidad de hojas. La insensatez es enorme y muchos son los que han sucumbido en los abismos de la hipocresía social, política e histórica que un tema como éste genera desde el momento mismo de su concepción.
Lamentablemente el cine mexicano es uno más de los que le han entrado a la
dinámica del “festejo” y ha preparado una singular celebración: en tan sólo un
mes, en las salas cinematográficas se podrán ver un total de nueve películas
de manufactura nacional, es decir, que alrededor de 2 ó 3 filmes mexicanos se
estrenarán cada fin de semana.

La festividad se antoja agradable y en primera instancia podríamos afirmarla como un certero paso en la consolidación de una verdadera industria cinematográfica nacional. Sin embargo, desde otro punto de vista, dicha decisión podría parecer mal planeada y finalmente errónea. Si de lo que se trata es de utilizar al cine nacional como vehículo de expresión de esta “festividad”, y darle cabida dentro de un marco de exaltación patriótica, el estrenar tantas películas en tan poco tiempo no parece ser redituable en ningún término.
El hecho de que el espectador tenga frente a sí tantas opciones nacionales en las
carteleras de cine, podría incentivar un fenómeno de exclusión y/o discriminación que derivaría en una suerte de canibalismo puro que no beneficiaría en nada a los filmes exhibidos, pues lo que se busca es que la mayor cantidad de gente asista a las salas a ver una producción nacional, y no que ésta se disperse y divida restando asistencia a las demás películas.
La media parece ser bien intencionada, y es apoyada por quienes piensan que
la existencia de una gran oferta de películas nacionales siempre es mejor que
enlatarlos y dosificar su estreno. No obstante, desde la opinión de quien escribe
estas líneas, esa amplia oferta sólo funcionaría si la producción de filmes fuera
constante y existieran criterios justos en el proceso de exhibición, amparados en
reglas y leyes bien definidas.

Una industria cinematográfica jamás se logrará amontonando películas a competir entre sí dentro de un corto periodo de tiempo. Lo que habría que hacer, es poner mayor interés en el desarrollo de los valores culturales y artísticos de las obras, al mismo tiempo que se intente garantizar la realización del ciclo realización- distribución-exhibición como vida natural de cualquier película creada.
Las “celebraciones” del Bicentenario han seducido a más de uno, y no cabe duda
que la medida se pensó como idónea dentro de este marco de fiesta nacional.
Ni modo, una estrella más del Bicentenario: los arrebatos patrióticos y el fervor
nacional siempre se han vendido muy bien, sobre todo en una sociedad como la
nuestra, en donde existe un inherente desamor a la historia y un fuerte apego al
anacronismo y la descontextualización del pasado como vía para que éste sirva a
los objetivos del presente.
En fin, recuerda que tú eres México. Felicidades, cumples
años de ser orgullosamente mexicano y eso… ¿hay que celebrarlo?
