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De Madero a Armendáriz
Escrutinio No. 54
El enfrentamiento comenzó, el encuadre es perfecto para los hermanos de Alva, sus veinticuatro fotogramas se completan y en el cinematógrafo la película se graba. Los cineastas intentan capturar todo en sus cajas, cada bala del bando revolucionario. Y del otro lado de la locación Salvador Toscano busca las mejores escenas con los federales para al final juntar todo el material y presentar la película para su estreno en las salas de la ciudad de México. Así nace el cine mexicano señores “¡Viva la Revolución!”.
Fue en la época menos imaginada, quizás nadie en la ciudad pensó que el cinematógrafo se desarrollaría con la guerra. Todo coincidió para que las proyecciones se presentaran poco antes de las manifestaciones, huelgas, planes, campañas, en fin, la revolución. 1896 fue el año en que México recibió al cinematógrafo, más particularmente, su estrella de cine, don Porfirio Díaz, en el Castillo de Chapultepec; tal descripción se debe a que fue el actor de la primera película rodada en el país, “El presidente de la república paseando a caballo en el bosque de Chapultepec”.
Los diarios imprimieron en sus páginas, además de las protestas del proletariado, las carteleras de los estrenos y sus jornadas diarias entre 1909 y 1913. Algunos títulos que aparecen en esas páginas son: “Sucesos y toma de Cd. Juárez”, “Últimos sucesos sangrientos de Puebla y la llegada de Medero a esa ciudad”, “Viaje del señor Madero al sur”, “Revolución en Veracruz” o “La campaña de Sonora”.
La revolución, además de un conflicto de orden social, fue un acicate para la industria del cine en el país. Las películas-documentales de hasta dos minutos de duración comenzaron a ser de interés público dado que eran también una forma de estar enterados de lo que en la revuelta sucedía. Se desarrollaron nuevos conceptos que más tarde dieron paso a las historias de ciencia ficción: ¡Pero que chulas se veían las soldaderas!, ¡que bravos los caudillos!, ¡que imponente el ferrocarril y el caballo!
El cine llegó para quedarse en las entrañas de los mexicanos y mostrar la realidad, aunque con el tiempo ésta se representó mediante otros recursos de tal suerte que las estrellas de cine ya no fueron Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa o Venustiano Carranza, sino Emilio Fernández, Dolores del Río, Pedro Armendáriz, María Félix o Jorge Negrete y las locaciones ya no son los campos de Chihuahua o Durango sino los Estudios Churubusco Azteca, por ejemplo… ya no importa filmar el tiroteo en la calle Donceles o la Ciudadela sino que las cejas de los actores luzcan bien levantadas.

31 AGOSTO, 2010
JESúS Dijo:Buena reseña, me gustó la búsqueda, me gustó el dato poco conocido, me gustó el final, me gustó.