Teresa Margolles, la anarquía del arte para el orden social

18 Julio, 2010
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Gina Hernández Amelio

Escrutinio No. 52

 

La simetría, la búsqueda de perfección, la fineza y la elegancia son características que durante siglos definieron al arte, aun cuando los estilos eran diferentes, generalmente se mantenían dentro del tradicional rango de lo estético. Sin embargo, después de la presentación de la obra de Marcel Duchamp en 1917, este mundo jamás sería el mismo.  ¿Qué es arte? ¿Tiene que representar algo? ¿Es algo bello? ¿Algo firmado por alguien? ¿Algo que está en un museo? 

 

Duchamp llamo “Fuente” a un mingitorio firmado por el inexistente R. Mutt, y con ello, respondió irónicamente a estas interrogantes, abriendo una nueva puerta a las propuestas artísticas. El libro Como hacer arte para dummies jamás hubiera funcionado después de esta época. Las reglas dieron un giro de 360 grados, pero en vez de establecer un nuevo sistema, siguieron girando; surgió el arte contemporáneo.  Incluso para los mismos estudiosos de la materia, es difícil responder a lo que es una obra de arte hoy en día. En algunos movimientos se simboliza, en otros se es. Distintas corrientes representan (o presentan) diferentes cosas. Tal pareciera que la única opción para el público es esperar a que un crítico la considere arte para saber si los cuadros con manchas inexplicables merecen ser contemplados como tal.

 

Uno de los casos aprobados por los críticos ha sido el de Teresa Margolles, su trabajo ha sido reconocido por el FONCA, y le han dado la oportunidad de presentarse en Alemania, España, Italia, Bélgica, Francia Colombia, Chile, Estados Unidos y hasta un par de veces en su tierra natal. Sin embargo, el trabajo de la sinaloense, además de resultar elogiado, también ha sido reprochado considerándolo controversial y hasta agresivo. Claro, no podría esperarse menos cuando uno se entera de la inusualidad de sus materiales. En vez de lienzos, colores al óleo o arcilla, Margolles utiliza sábanas ensangrentadas, vidrios rotos y telas sucias, generalmente provenientes de una escena del crimen en la que le permitieron conservar la evidencia.

 

Para ella y los de su género que es el performance art y el arte transgresivo, realmente no es importante si el público queda asustado o enojado por sus exposiciones, pues ese es más bien el propósito: ofender. De nada sirve llevar de un país a otro las joyas del imperio azteca, dulces de leche, artesanías y bailes típicos mostrando las riquezas de un país que en realidad “está llorando”.

 

La artista quiere demostrar al mundo la realidad que se vive en el país  todos los días, particularmente en la zona fronteriza. Uno de sus trabajos más impactantes es el que preparó en el 2009 para la 53 Exhibición Internacional de Arte, el Bienal. A cargo del pabellón mexicano, Margolles explotó la oportunidad de dar una fuerte crítica social y política, en su obra ¿De qué más vamos a hablar?

 

Entre sus trabajos estuvieron piezas de joyería de estilo narco con retratos de Malverde visualmente hermosos y de apariencia sumamente fina, pero hechos con vidrios rotos de los lugares de los asesinatos en Ciudad Juárez; incluso el momento de la limpieza tenía su simbolismo. Mezclada entre el agua con la que se trapeaba el suelo, había un poco de sangre para recordar todos los días al público la poca atención que se le da a los muertos.

 

Lo importante no es reprocharle su uso de materiales sino apreciar lo que hace con ellos. La artista ha logrado dejar una fuerte impresión en todo aquel que ve su trabajo, convirtiéndose en la voz de los que ya no están, y actuando de conciencia y protestante social por los que siguen aquí.

 

En un país en el que los datos sobre el incremento de la violencia y violaciones suben más rápido que el precio de la gasolina, es natural que la gente haya tenido que crear una coraza de frialdad y mirarlo como eso: números, cosa que desgraciadamente pasan pero sobre las que no se puede hacer nada al respecto. Es bueno saber que hay  mexicanos como Margolles que tratan de concientizar a la población de los problemas actuales. Sin embargo, su originalidad está en hacerlo, no a través de los medios tradicionales, sino en utilizar las no reglas del arte contemporáneo para ver en las tragedias a personas, no números ni datos. En un mundo tan frío como el del siglo XXI, Teresa Margolles ha devuelto la sensibilidad al ser humano.

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