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El paradigma de los sesenta, color y memoria de una época

Por Alejandro Pulido
“Tomaremos el cielo por asalto”
En ocasiones, cuando los ríos metafísicos se desbordan y contemplo el espectáculo grotesco de occidente me da por pensar que también la vida de las sociedades está medida por épocas o temporadas, así como la vida de cada ser. El pulso de una generación vive en la memoria y su reconocimiento arrastra consigo colores, canciones, lugares, palabras, frases, esperanzas, anhelos y fuertes desilusiones.
La década de los sesenta, en la mayoría de los países occidentales, estuvo marcada por el signo de la disidencia; una disidencia que cobró fuerza en la fraternidad de pensamiento entre los jóvenes de París, Japón, Bogotá, Venezuela, México, Praga, Belgrado, Roma, Austria, Londres, Tokio, Hungría. Estos años fueron testigos mudos de toda una generación consciente de la enajenación tecnológica que oprimía a las sociedades capitalistas. ¿Acaso existen cadenas más fuertes que las de hierro? La guerra de Vietnam fue el efervescente natural para gritar, por si nadie lo había entendido, que se trataba de la desigualdad y de la libertad: David y Goliat. Napalm y Vietcong. Lo establecido contra lo desconocido.
Una cosa lleva a la otra. Los sesenta fueron también la revolución sexual y de los sentidos. La libertad iba de la mano de la píldora anticonceptiva, la falda y el hachís, para otros la libertad se ganaba en el campo de batalla. Lucy in the sky with diamonds contempla divertida el espectáculo. Ante todo se trató de libertad, romper el corset de las antiguas taxonomías, desanudar la corbata de burócrata brincando al ritmo de Another Break in the Wall. Todos los discursos apuntaban hacia el viraje y la ruptura.
Sin caer en la moraleja, fraternidad, obstinación y fe en una nueva y mejor época fueron los pilares de la Revolución en los sesentas. El perro se sacude las pulgas y el mundo se acuerda de sentir. Fraternidad y unión en las calles de París, en las comunas de California y en La Sorbona, el Poli y la UNAM. Obstinación la de los atletas de color Tommies Smith y John Carlos recibiendo la medalla de los doscientos metros lisos en México 68 con el puño en alto para reivindicar los derechos de los negros. La revolución.
El Che en la jungla de Bolivia, sabedor de que sólo el honor y la voluntad podían mantenerlo respirando. Morrison, el Rey Lagarto con pantalones de cuero y estoperoles, bailando la sensualidad de la muerte hipnotizado por el llamado de lo desconocido. Vértigo. La tristeza de Marylin Monroe y la de Janis Joplin.
Revolución mental que ocurrió en la literatura también, nuevas maneras de novelar y asir la realidad. Música, el rock escupe en la voz de Jagger: I can´t get no satisfaction, ´cause i try and i try and i try and i try…
La bestia no pudo haber muerto, está dormida esperando. La energía se acumula como la lava de un volcán antes de explotar. Por lo menos, todo lo que pasó en los sesentas demostró en el imaginario colectivo que la energía y la fe de una generación alcanzó para mover al mundo. Coraje y memoria. Quizá la juventud de los sesenta ha cambiado, cambió la época para cada uno de ellos pero sospecho que no cambió el recuerdo compartido. La posibilidad de un cambio, contemplar la luz al final del camino es difícil de olvidar, sólo nos queda regar la semilla para que vuelva a dar el fruto esperado que cure la sed de una sociedad convulsa y enferma de poder.

24 JULIO, 2010
EDER Dijo:Excelente síntesis. aunque un poco de reseña sobre los movimientos que influenciaron ex ante a la época, no hubiera estado mal.
ya nos estás acostumbrando a las buenas lecturas.
de nuevo nos tienes al pie de tus palabras.
saludos alex.
30 JULIO, 2010
GATOMANMe gustatu pensar carnal me gusta saber que aun hay buscadores astracto que aun relucen hechos importanteloss de las decadas liberalsitas (ecepcion con lo de tlatelolco) buena vibra a los tuyos ¡¡¡¡¡¡