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Adiós a Saramago: entre ensayos, lucidez y evangelios
Escrutinio No. 51
Si tenemos conciencia pero no la
usamos para acercarnos al sufrimiento,
¿De qué nos sirve la conciencia?

Un niño vivía en Azinhaga, un pequeño pueblo del Ribatejo, en Portugal, muy cerca de Lisboa. Habitaba en el seno de una pobre familia de campesinos jornaleros; gente sin tierra e irremediablemente analfabeta. Dicha situación lo obligaba a trabajar como peón y alquilarse por jornada de trabajo. Una infancia difícil, sin duda alguna, pero que le permitió forjarse un carácter y una personalidad comprometida con la gente humilde, la gente de abajo, los que viven de la tierra.
Fueron tiempos duros. El frío, la pobreza y el hambre no sólo le exigieron trabajar como peón, sino también, ya en sus años de adolescencia, como mecánico automotriz, vendedor de seguros, contador, aprendiz de reportero y, finalmente, como periodista, lo cual le dio para comenzar a incursionarse dentro del mundo de las letras y la escritura, un mundo que, a la postre, lo encumbraría como uno de los mejores escritores del siglo pasado.
Ese niño, duramente convertido en adolescente, creció y con él su compromiso con las personas de su clase: con su gente. Luego vendrían la guerra de España y la Revolución de los Claveles para formar en él una concepción ideológica que le hicieron creer una utopía tan íntegra y firme como los textos que por aquél entonces comenzaba a escribir, y que lo perfilaban como uno de los más importantes escritores en lengua portuguesa de aquellos tiempos.
El entendimiento de la miseria humana no como mandato divino, sino como producto de la explotación del hombre por el hombre, lo llevaron a ingresar al clandestino Partido Comunista Portugués. Fue comunista, sí, pero un comunista sin las aquiescencias de los viejos burócratas estalinistas; un comunista autocrítico que pasó de la defensa de la Revolución Cubana, a la denuncia de la misma una vez que se percató que ésta había entrado en un profundo proceso de degeneración.
Fue un comunista libertario (que es como él mismo se definía), pero más que un comunista, fue un hombre de hondas convicciones políticas y sociales. Un hombre rebelde en toda la extensión de la palabra, y sin temor a decir o expresar lo que sus pensamientos le dictaran, lo cual le acarreó su persecución en más de una ocasión, como aquella ocurrida en 1993 propiciada por la iglesia católica y el gobierno de su país, entonces gobernado por el derechista Cavaco Silva, quienes no le perdonaron la publicación de su obra “El evangelio según Jesucristo”: una novela directamente atea y sumamente elocuente que, sin embargo, le obligó a salir de su país y refugiarse en la isla de Lanzarote.
Sin embargo, muy a pesar de este tipo de persecuciones y acusaciones por parte de aquellos intolerantes que no soportaban su desgarrante y controvertida visión no sólo de la religión, sino de la historia, la cultura y el hombre mismo, continuó desde su trinchera, a través de la palabra, expresando eso que llamamos pensamiento. Escribió por desasosiego, para demostrar su disgusto por el mundo en que estaba viviendo y para exhibir la ceguera del hombre, esa ceguera que le permite ver, pero no mirar.
Escribió para alertarnos del peligro que significa nombrar a Dios y creer en sus promesas y amenazas que derivan en lo que él denominó “el factor Dios”, ese que “ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre, acabó por hacer del hombre una bestia”.
Escribió para mostrar su apoyo con las causas más pobres, como cuando expresó su apoyo e indignación por lo sucedido en Chiapas, en aquél episodio negro de nuestra historia que fue la matanza de Acteal. En ese terrible suceso reconoció una guerra de desprecio hacia los indígenas, al mismo tiempo que se sorprendía con el estoicismo que mostraban estos últimos. “Un estoicismo casi sobrehumano que no aprendieron en la universidad, que consiguieron tras siglos de humillación. Han sufrido como ninguno y mantienen esa fuerza interior, una fuerza que se expresa con la mirada… la mirada de ese niño al que le han destrozado para siempre la vida”.
Escribió para manifestar su desprecio hacia ese David llamado Israel, y que ahora se ha convertido en un nuevo y sanguinario Goliat. Un Goliat que ya no carga con armas de bronce inútiles y pesadas, sino que sobrevuela en helicópteros las tierras palestinas disparando misiles contra inocentes desarmados. Todo ello frente a los ojos de la comunidad internacional que actúa como si no pasara nada, ignorando los crímenes de humanidad que el estado israelí comete contra todo el pueblo palestino. Ante la impaciencia mal disimulada del mundo que seguimos llamando "culto" y "civilizado".
Este hombre escribió, escribió y no se cansó jamás de escribir; porque ese fue su principal medio de expresar, denunciar, manifestar y revelar la historia que muchos se niegan a contar, o que simplemente ignoran. Fue su arma más mortífera contra la hipocresía, la doble moral, el fanatismo y las atrocidades cometidas por el hombre en contra del hombre mismo.
Hoy este hombre del que hablo ya no está. El pasado 18 de junio falleció víctima de una leucemia crónica que lo aquejaba desde hace algún tiempo y que terminó por robarle la vida, llevándose con él al niño campesino de infancia difícil, al joven comunista de mente inquieta, al adulto ateo y de escritura mordaz y al anciano de eterna alma rebelde. Se fue uno de los más grandes escritores, novelistas, ensayistas, poetas y seres humanos del siglo XX. Un gran mentor político, social y cultural; murió José Saramago y hoy más que nunca lo sé: la muerte no asusta, pero incomoda.

07 JULIO, 2010
JORGESe fue un gran hombre. no cabe duda que quien escribe este artículo fue un gran seguidor de su literatura, al menos eso se nota en el texto.
07 JULIO, 2010
JAIMEUn texto exquisito sobre la biografía de josé saramago, wow, muy bien escrito mi estimado joel.muchas felicidades
07 JULIO, 2010
CLAUDIAExcelente reseña sobre la vida del hombre que luchó por causas justas, un ser valiente y honesto. el mundo perdió a un gran escritor el día en que esta gran persona se fue. joel, felicidades y gracias por este texto.