De la utilidad de los filmes de horror, o cómo los monstruos son un reflejo de la sociedad

08 Marzo, 2010
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Escrutinio No. 44

Escrutinio No. 44 | Lunes 8 de marzo de 2010.

 

 Joel Eduardo Sebastián Díaz

Dentro de los géneros cinematográficos, el de horror ha sido uno de los más vapuleados y degradados a lo largo de su historia. Por un lado, la crítica cinematográfica “seria” no ha cesado de mirarlo con desdén y rebajarlo a la categoría de género menor: un cine sin propuesta, sin contenido y producido para el mero entretenimiento de las masas; por su parte, la audiencia tampoco lo ha reivindicado en todas sus dimensiones, pues su gusto por estos filmes no va más allá de la fascinación que producen los vampiros, los hombres lobo, los zombies, la sangre, las vísceras y en general la sensación momentánea de un buen susto.

A lo largo de su historia, el género de horror ha sido calificado de barato, inverosímil, repetitivo, ingenuo, irresponsable, vil, soez, grotesco y hasta de inmoral, y en cierto sentido todos estos adjetivos tienen algo de verdad. Sin embargo, de lo que nunca podrá ser tachado es de ser inservible: el cine de horror jamás podrá ser visto como cine basura o desechable.La razón de dicha aseveración se sustenta al momento de revisar y analizar la historia de este género y confirmar que a lo largo de su historia, este tipo de filmes han servido como medio de expresión de los temores del inconsciente colectivo propios de la sociedad que los vio nacer.

A través de las pantallas han desfilado infinidad de monstruos que, en mayor o menor medida, fueron concebidos en clara correspondencia con los tiempos que les toco vivir, y cuya existencia puede leerse desde el objetivo preciso de exteriorizar las pesadillas y miedos sociales para posteriormente eliminarlos.

Hablamos entonces de que el género ha sido partícipe de los temores de las sociedades,  al mismo tiempo que ha contribuido a su expulsión de las mentes humanas.

En los años 30 del siglo pasado, la sociedad norteamericana sufrió el azote de una crisis financiera desatada tras el crack de Wall Street en 1929. Fue durante aquella coyuntura que el cine de horror de aquél país concibió y creo los grandes monstruos clásicos del género (Drácula, Frankenstein, La Momia y El hombre lobo), cuya existencia se puede leer y observar al mismo tiempo como una alegoría a la feroz y mísera realidad de aquél entonces, y como un vehículo para expulsar miedos, asimilarlos y finalmente vencerlos.

Del mismo modo, los filmes de horror (y sus monstruos) de los años 50 giraban en torno a cuatro temáticas: el terror comunista, el Apocalipsis nuclear, las mutaciones radioactivas y las invasiones alienígenas. Ante esto, es posible afirmar que las películas del género de aquellos años se encontraron en clara correspondencia con los temores de una sociedad testigo de las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki, del popular caso Roswell y de los peligros latentes de la Guerra Fría.

En lo que respecta a los tiempos que estamos viviendo, y dada la configuración global del mundo a raíz de lo sucedido el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, es posible agrupar el cine de horror del siglo XXI en torno a tres grandes temas: 1. La milicia y los temores inherentes a la guerra: Luna Llena (Dog Soldiers, 2002) y La sombra del mal (Deathwatch, 2002) 2. El pánico y la paranoia social en torno a elementos biológicos: guerras biológicas, enfermedades, virus y bacterias: Exterminio (28 days later, 2002), El huésped maldito (Resident evil 2002) y Rec (Rec, 2007);  y 3. El miedo a la tortura física y mental como forma de coerción, o mejormente conocido como torture-porn: El juego del miedo (SAW, 2004), Hostal (Hostel, 2005) y Cautivos (Captivity, 2008).

Como podemos ver en todos estos casos y a lo largo de la historia del género, el cine de horror ha comprobado su capacidad para funcionar como reflejo de culturas y contextos particulares, así como un espejo de emociones y sentimientos; jamás como un vil, barato e ingenuo entretenimiento para las masas.

Un buen filme de horror mostrará monstruos que, más allá de asustar y generar miedo, contribuirán a entender muchas de las dinámicas no sólo del mundo en que habitamos, sino también de las personas que lo habitan. Así, un monstruo puede ser observado como una suerte de espejo que refleja nuestra propia imagen al mismo tiempo que la de los demás, coadyuvando así al entendimiento de la otredad y la alteridad, y estableciendo parámetros de entendimiento entre las personas.

Una vez que la apreciación y crítica del cine de horror logré derrumbar los prejuicios que se ciernen sobre él, este género podrá ser entendido como un instrumento poético y un vehículo para retratar, a través de mundos paralelos, la realidad en la que nos encontramos, con todas sus virtudes y sus defectos.

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Comentarios

  1. 1

    15 MARZO, 2010

    MR. BOJANGLES

    Fantástico... yo desconozco mucho de cine pero este artículo me lleva un poco a comprenderlo un poco, en este caso, el cine de horror. felicidades al autor, tiene muy buen estilo, se entienden muy bien las ideas.

  2. 2

    15 MARZO, 2010

    URIEL

    No se quien sea el autor, pero en realidad me agradó este artículo. nos enseña que el cine de horror es algo más que sangre y sustos. felicidades.

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