FICCO 2010: especulaciones en torno a su desaparición

22 Febrero, 2010
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Escrutinio No. 43

Escrutinio No. 43 | Lunes 22 de febrero de 2010.

Joel Eduardo Sebastián Díaz

El pasado 25 de enero, después de la circulación de muchos rumores, se dio la noticia oficial de la cancelación de la séptima edición del Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (FICCO). La noticia, irremediablemente triste, asesta un duro golpe a la ciudad y le niega la posibilidad de disfrutar películas que de otra manera sería imposible ver dada su escasa asequibilidad. De ahí la importancia de un festival como éste, cuyo trabajo de curaduría se especializaba en un tipo de cine alternativo no tendiente a las fórmulas comerciales, y que le otorgaba al espectador un respiro de aire fresco ante tanto cine de receta que inunda las carteleras nacionales.

Una vez que el anuncio se hizo oficial, no se hicieron esperar las manifestaciones de frustración, enojo, tristeza y desconcierto con respecto a la desaparición de un espacio tan grande e importante dentro de la cultura fílmica de la ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta cuáles han sido las razones de este hecho, sin embargo, si nos atenemos a las acciones que habían venido ocurriendo a lo largo de los últimos meses, es posible esbozar algunas probables causas:

1.- La versión oficial: La respuesta que el propio FICCO ofreció a través de un escueto comunicado, fue que el festival se cancelaba “por no alcanzar la recaudación suficiente para su óptima ejecución”. Esto nos da una pista de por dónde van las causas, pero no nos aclara absolutamente nada.

2.- El cambio de discurso y la pérdida de identidad: A escasas semanas de la edición del 2009, la directora fundadora, Paula Astorga, junto con su equipo de trabajo, decidió renunciar al festival alegando la tecnocratización a la que a éste se le estaba llevando por parte de Cinemex, la empresa que lo auspicia. Dicha determinación le dio entrada a Raquel Cajiga como nueva Directora General del evento; desde entonces, ella y su equipo comenzaron a tomar una serie de decisiones que evidenciaban una falta de visión y que, vistas en perspectiva, parecieran completamente erróneas pues, lejos de fortalece el festival, lo alejaron de su espíritu y discurso original.

Ejemplo de lo anterior fue el anunció de crear el Ciclo Verde para filmes que atendieran la situación ambiental; y el hecho de anunciar que el evento se convertiría en el primer festival en Latinoamérica que neutralizaría sus emisiones de carbono. Acciones como éstas no conseguían sino perder completamente el discurso, la vocación e identidad del FICCO con lo cual se desvirtuaba y desorientaba definitivamente el proyecto.

3.- La desbandada de patrocinios: La transición y cambio de equipo al frente del festival fue un suceso que comenzó a mermar el desarrollo lógico del mismo. Para la edición de este 2010 se había anunciado la visita de la cineasta y fotógrafa belga Agnés Varda, uno de los grandes nombres de la Nouvelle Vague francesa; pero al mismo tiempo se anunció que la mayor parte de los premios ofrecidos a las películas en competencia iban a ser en especie y no en efectivo, que es cómo había sucedido en ediciones anteriores. Del mismo modo, la edición para este año (que hubiese sido la séptima de haberse realizado), iba a sufrir un recorte en cuanto al número de películas proyectadas, pues éstas iban a rondar en un número cercano a las 130, cuando en 2008 y 2009, por ejemplo, fueron 263 y 180 respectivamente los filmes exhibidos: una importante reducción en comparación con lo que se tenía planeado para esta edición.

Con toda esta serie de acciones/decisiones se dejaba entrever una distracción y descuido con respecto a la idea de la estructuración del festival: se cuida la forma pero se desatiende el contenido. Dichas fallas desembocaron en la no consecución de los patrocinios necesarios o la retirada de éstos en desbandada ante la progresiva pérdida de orden institucional y consistencia por parte del cuerpo directivo del FICCO. Y si algo se debe procurar en un evento como este, es el orden en términos de la consecución de patrocinios.

4.- La renuncia de Cinemex a la subvención del festival: La mayoría de los festivales cinematográficos alrededor del mundo se subvencionan gracias a los gobiernos de las ciudades en donde se llevan a cabo, a entidades turísticas, organizaciones culturales independientes, fondos institucionales, fondos privados, donaciones voluntarias o a través de sociedades fílmicas. Sin embargo FICCO era una excepción a todo ello, pues su creación se lograba gracias a Cinemex, lo cual nos habla de una estructura ciertamente peculiar, ya que el que una cadena de exhibición organice un festival fílmico es algo que raramente sucede con algún otro festival en el mundo.

Sin embargo no hay que perder de vista que Cinemex no es una institución cultural, sino una empresa meramente lucrativa cuyo principal objetivo es hacer dinero en taquilla. Así, cuando en 2008 esta cadena es adquirida por Entretenimiento GM, empresa propiedad de Germán Larrea Mota, uno de los hombres más ricos del país y cuyo principal negocio se encuentra en las minas y los ferrocarriles, la nueva gerencia se olvida del cine como interés público y concibe la exhibición fílmica como un mero proceso mercantil: sólo negocios.

De este modo, cuando Cinemex asiste al deterioro del festival y el progresivo abandono de sus patrocinadores, sabe que éste ya no representa un negocio para sus arcas, con lo cual decide hacer lo propio y se deslinda también del proyecto al retirar la subvención que ofrecía al mismo, descobijando por completo un proyecto que parecía haberse consolidado después de seis ediciones.

Es de este modo que un festival como el FICCO, en este año 2010, deja de existir. Un festival sumamente ambicioso pensado no para un grupo flotante (como sucede con Guadalajara y Morelia), sino para atender todas las aristas posibles de la ciudad de México. Un festival que, a pesar de la manera en cómo se le había capitalizado en un sector de la población, no había sido creado para un target, ni para nichos de audiencias perfectamente estudiados. Su apuesta era trastocar la vida cotidiana de una ciudad tan compleja y diversa como en la que estamos inmersos, por eso era EL festival de la ciudad de México.

Así, con la ausencia indefinida de una espacio tan importante como lo era el FICCO, se nos quita la opción de acceder a formas de entretenimiento alternativas dentro del ámbito cinematográfico (más allá de lo que la Cineteca Nacional, la Filmoteca de la UNAM, o los espacios alternativos de exhibición ofrecen), lo cual resulta sumamente preocupante ante el alineamiento de la cartelera comercial mexicana a plataformas de exhibición apegadas a fórmulas meramente comerciales y alienantes.

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