500 años de ¿teatro mexicano?

07 Diciembre, 2009
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Escrutinio No. 39

Javier Márquez [center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/w15e3ha.jpg[/img][/center] De cómo una mujer travestida y un jorobado lograron subir a la cima literaria de Nueva España y cómo sus voces aún resuenan en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM invocadas por un perverso resucitador. No deja de ser extraño hablar de teatro mexicano en la época en que el virreinato dominó América pues si en lo político Nueva España estaba supeditado a España misma, en lo cultural no sería diferente. Evidentemente existian algunas modificaciones culturales debido al contexto colonial, ya que no es lo mismo ser el original que la copia. Como veremos en el presente texto, la copia siempre soñará con ser el original y en ese sueño cometerá suicidio. El elemento original al cual habrá que emparejarse y aspirar, que no superar porque eso no estaba dentro de las posibilidades de los novohispanos según ellos mismos, será el Siglo de Oro español que contó con abanderados principales como Pedro Calderón de la Barca, Felix Lope de Vega, Tirso de Molina, entre otros. De los autores mencionados, los dos primeros son los que crearán más firmemente un sello para el quehacer teatral de la época en cuestión. Uno será el sacro y otro el profano. El título de sacro le queda a Calderón de la Barca que con sus autos sacramentales a favor de la contrarreforma será el pilar fundamental, mientras que el profano Lope de Vega, irónico y burlesco marcará firmemente el devenir de las risas de los espectadores en su espléndido discurso que dio ante la academia española y que tituló: El arte nuevo de hacer comedias en nuestro tiempo. Es de estas bases de las que partirá el teatro en la Nueva España a través de dos autores nada convencionales en su aspecto y métodos para proceder. En primer lugar se tiene a una autora, sí, una mujer sobresaliendo en este periodo histórico, de la cual se cuentan muchas leyendas, elogios y desconocimientos. Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1645?-1695), mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, nació en la provincia de San Miguel de Nepantla siendo sus padres Isabel Ramírez de Santillana , criolla, y Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca, militar español de Vergara. Se dice que fue hija ilegítima pero al no importar eso dentro del marco del presente ensayo sólo se apuntará que la posición social de sus padres será la que le permitiría ingresar posteriormente a la corte virreinal siendo dama de la marquesa de Mancera. [center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/s1tdxn1.jpg[/img][/center] Precoz como ella sola, Juana Inés llegó a proponerle a su madre el disfrazarse de hombre para entrar a la universidad sin embargo nunca lo llegó a realizar pese a las maravillosas leyendas que se crearon posteriormente sobre su travestismo. Esta misma precocidad será la que le cause problemas cuando ingresa a la orden de las Carmelitas para después de un año abandonarla y entrar a la orden de los jerónimos en la cual desarrollará la mayor parte de su arte. Cuando la literatura de Sor Juana comienza a tener auge se da un momento en que se le confronta. Es necesario recordar que para este entonces, el concepto de artista va más ligado a lo que hoy se conoce como artesano. La creación era por encargo antes que por iniciativa propia, los literatos, pintores, escultores ejercían su oficio de igual manera que hoy lo hacen los plomeros, electricistas, etc., sin menospreciar a ninguno. Es así como llega a Juana Inés el encargo de escribir tres autos sacramentales para ser representados en la mismísima Madrid. Estos autos serán titulados: El divino Narciso, El mártir del sacramento y El cetro de José, de los cuales el primero es el más interesante y complejo en cuanto a construcción ya que, haciendo uso de su conocimiento teológico, presenta al Narciso griego mezclado con el mito de Cristo y por si fuera poco presenta a su vez la dualidad divina y humana de Jesús pues en un primer momento se ubica a Narciso como Dios y a Eco como Lucifer para narrar después la historia de Narciso Cristo que se enamorará de su propio reflejo: La Naturaleza Humana y por ella morirá. Es evidente que la utilización de la refundición de mitos griegos con cristianos no estaba destinada para la evangelización propiamente ya que en el periodo en que le son encargadas estas piezas a Juana Inés, el auto sacramental estaba en decadencia en España y se seguían haciendo más como mero ejercicio estilístico de esos que adoraban los escritores de la época que como piezas que apoyaran la moral cristiana. Cabe señalar que los autos sacramentales serían prohibidos en 1765. Mucho se puede decir del auto de El divino Narciso como que en la loa que le precede la autora utiliza el término “Mejicanos”, el cual ha dado para bastantes investigaciones sobre la concepción nacional de la época aunque más bien se refería a una castellanización del término “Mexicas”. De lo demás sigue la forma de los autos calderonianos al pie de la letra, lo cual causará admiración en España y con ello en Nueva España pues la copia alcanzará al original. Juana Inés también se adentrará en el terreno de lo profano en dos ocasiones con las obras Los empeños de una casa y Amor es más laberinto de igual manera siguiendo los patrones que dictaban las buenas conciencias españolas. Quien vendría a cuestionar la moral sobre el teatro sería una persona deforme, corcovada, de barba roja escasa y al cual sus padres dieron el nombre de Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. De igual manera que Juana Inés, Juan Ruiz es beneficiado por su dinastía materna pues Antonio de Mendoza fue el primer virrey de la Nueva España y su estirpe seguiría estando en altos puestos políticos. [center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/mz96bl8.jpg[/img][/center] La apariencia de Juan Ruiz fue causa de muchas burlas por parte de sus compañeros e incluso Felix Lope de Vega dedicó algunas líneas a la complexión del autor novohispano. Sin embargo la literatura del corcovado acaparará la atención tanto del público como de los otros dramaturgos por su particularidad. Si bien las formas de construcción de sus comedias siguen el canon hispano, la creación de sus personajes presenta una característica propia que tiende más hacia lo psicológico pero sobre todo hacia los vicios de cada uno de ellos. Es por esto que se inaugura la Comedia de carácter, una de las pocas aportaciones de nuestro territorio a la concepción de fenómeno teatral. Las piezas siguen presentando los enredos, los duelos de espadas pero lo dramático se centra en el vicio de carácter que hará caer a los personajes en sus propias redes como en "La verdad sospechosa" en que el protagonista tiene el vicio de la mentira que en un momento cae por su propio peso desenmascarando las intenciones y ridiculizando al personaje. La obra fue tan exitosa que fue reescrita por varios autores en diferentes partes de Europa. Se sospecha fuertemente que la obra de Juan Ruiz es la base de Le Menteur de Corneille. Sólo queda apuntar que este mismo género cómico será explotado con gran éxito en Francia por Jean Baptiste Poquelin, alias Molière. En cuanto al tema de cómo se hacía teatro en aquella época hay que resaltar que algunas compañías españolas vinieron a radicar al “nuevo mundo” con el fin de colonizar aquella parte cultural, lo cual consiguieron sin mucho problema. Los lugares de representación eran imitaciones de los corrales españoles además del teatro del palacio virreinal, colegios y carros dentro y fuera de las iglesias. Para el teatro culto se presentaba un escenario diferente para lo que eran utilizados el teatro Hospital Real y en el Coliseo. Juana Inés y Juan Ruiz no dejarán de encontrarse juntos en el tiempo pues muchos libros los mantienen reunidos y a veces ahogados en interpretaciones y tanto es el sino de que estos nombres vayan siempre juntos que los teatros principales del Centro Cultural Universitario de la UNAM llevan sus nombres. Estos teatros construidos en 1979 en Ciudad Universitaria han albergado tanto a grandes íconos del teatro universitario como a grandes fgracasos del mismo y en una especie de extraño fractal también han visto representaciones de las obras más destacadas tanto de Juana Inés como del propio Juan Ruiz como la lectura dramatizada de "La verdad sospechosa" en 1989 y la puesta en escena de "El divino Narciso" en 2001, ambas dirigidas por José Luis Ibáñez quien se consolidó como uno de los directores más destacados del teatro mexicano en la segunda mitad del siglo XX. [center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/qg25e8i.jpg[/img][/center] José Luis Ibáñez nació en 1933 en Orizaba, Veracruz pero desde 1946 radica en el Distrito Federal. Es egresado de la primera generación de la Licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la UNAM y su labor se ha expandido al cine, radio y televisión. Formó parte de los inicios del movimiento de Poesía en voz alta en La Casa del Lago en Chapultepec. Erudito del teatro y sin miedo a ser linchado –tradujo y dirigió en varias ocasiones musicales para el teatro demonizado “comercial-, ha dictado cursos y cátedras en la Universidad y otras partes del mundo. Es por su causa que aún en los pasillos del Área de Teatros de la Facultad de Filosofía y Letras resuenen como Eco los versos de Juana Inés y Juan Ruiz ya que su estilo de lectura y enseñanza de la elocución del verso son hasta la fecha de los más deliciosos para escuchar en nuestro país. Hasta aquí un breve recuento del teatro novohispano y sus implicaciones en algunos aspectos de lo contemporáneo dejando para la próxima ocasión el tema de el teatro de la independencia imaginada y la presencia de los teatros nacionales. [b][/b]

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