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La huelga en Cananea
Escrutinio No. 37 | Lunes 9 de noviembre de 2009
Las condiciones laborales deplorables e inhumanas que se fueron gestando durante el gobierno de Porfirio Díaz eran ya insoportables para los trabajadores en la primera década del sigo XX. El sentimiento de frustración ante un ínfimo salario, las largas jornadas de trabajo - que llegaban a las 14 y hasta 16 horas- y el abuso de los capitalistas que tenían por jefes, se sumaron a las ideas sindicalistas y anarcosindicalistas que llegaban de Europa; mientras que publicaciones como Regeneración avivaron aún más la llama huelguista.
Cananea es la primer huelga que pasó dejando profunda huella en toda la historia laboral mexicana y no tanto por los logros que de ella se obtuvieron, sino por la matanza y la injusticia de las que fueron víctimas los trabajadores.
Cananea es una ciudad en el Estado de Sonora donde W.C. Greene fundó una corporación minera para explotar el cobre con el apoyo del gobierno mexicano. Greene obtuvo un territorio sumamente extenso para explotar dicho material y su poder se extendió sobre las autoridades mexicanas y estadounidenses residentes en Cananea.
En la mina trabajaban seis mil mineros mexicanos y unos seiscientos norteamericanos, los primeros recibían $3 al día, mientras que los segundo obtenían el doble. El descontento de los trabajadores fue porque querían que subieran su salario a $5 al día. Es decir que ni siquiera pedían la igualdad en salario con sus compañeros extranjeros, sino un salario decoroso.
El 31 de mayo de 1906 los trabajadores del turno de la noche suspendieron actividades, pero estando en el aserradero de la empresa, el gerente, de apellido Metcalfe, echó agua a los obreros a manguerazos, los huelguistas contestaron con piedras. Metcalfe y su hermano comenzaron a disparar iniciando la batalla donde, junto con varios huelguistas, los Metcalfe perdieron la vida.
Greene autorizó a la policía de la compañía para emprender una lucha abierta en contra de los alzados quienes, sin armas para defenderse, corrieron hacia el pueblo disgregándose, recibiendo como respuesta una descarga de balas por la espalda por parte de las autoridades de la empresa para la que habían entregado su esfuerzo que valía más de lo que ganaban. Gente de ambos bandos fue detenida y consignada a prisión, pero la gente de Greene pronto obtuvo su libertad.
Se difundió la noticia de que los trabajadores habían comenzado una guerra de castas y que, iban asesinando niños y mujeres, por lo que llegaron voluntarios solicitados a los Estados Unidos, convencidos de convertirse en héroes salvadores, lo que se tradujo en una cacería, pues incluso se le recomendó a los norteamericanos residentes de Cananea resguardarse en sus casas en toque de queda para poder disparar libremente a todo el que estuviera en la calle, trabajador de la mina o no.
Entonces es cuando uno se pregunta por el papel que las autoridades mexicanas debieron ocupar ante este descarado ataque extranjero. “Más si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo” quedó como letra muerta en alguna estrofa de uno de los símbolos patrios, y el mismo Porfirio Díaz firmó una autorización para que entraran las fuerzas americanas a controlar el problema.
Llegó a México un batallón de trescientos hombres procedentes del país del norte, pero muchos se regresaron al darse cuenta de que aquello había sido solo un engaño, que había que matar a quemarropa y que no había que defender a niños y mujeres, más bien había que asesinarlos. Pero no pasó lo mismo con las fuerzas rurales mexicanas que también se dieron cita bajo el mando del gobernador de Sonora de apellido Izabal, de Ramón Corral, vicepresidente de la República y del mismo Greene, estos mataron a diestra y siniestra a quien estuviera por los caminos, sin importar sexo, edad, nombre, ocupación; mucha gente que no pertenecía a los trabajadores de la mina fueron asesinados sin miramientos. Otros muchos trabajadores fueron hechos prisioneros, los que corrieron con suerte, porque otros fueron colgados, otros obligados a cavar sus propias fosas mortuorias y fusilados en el acto y otros tantos fueron consignados al Ejército.
Los huelguistas no pudieron reunir sus fuerzas, por lo que se desintegró la huelga y los sobrevivientes volvieron al trabajo sin obtener ningún cambio favorable. Después de todo, se supo que había sido un crimen el que se cometió en contra de estos trabajadores, y que el mayor culpable era el dueño de la compañía Greene, pese a esto, nunca fue procesado, mucho menos condenado y castigado por sus actos en Cananea. Sin embargo, cayó de la gracia de las autoridades mexicanas, puesto que puso en tela de juicio la imagen del país ante los Estados Unidos, no por haber asesinado con tal frialdad a los compatriotas, por esto perdió la mayoría de sus propiedades; Greene-Cananea Copper Co., pasó a ser propiedad de la sociedad mineral Cole- Ryan.
Es inevitable pensar en este punto, en todos los trabajadores mexicanos laborando para que los capitalistas extranjeros aumenten sus arcas, ¿cuántos de estos extranjeros son beneficiados por el gobierno mexicano? ¿A cuántos trabajadores nacionales se les ha volteado la cara al reclamar sus derechos? ¿Qué tanto ha cambiado México en cien años? ¿Qué es lo el gobierno pretende festejar en el dichoso centenario de la Revolución Mexicana?

12 NOVIEMBRE, 2009
Muy buen articulo y va acorde con todo lo que pasa en el presente, asi que es importante lo pasado y cuestionar que tanto hemos evolucionado. muy chabe deja arriba a los historiadores. espero mas arituclos tan buenos como los de hasta ahora.
16 NOVIEMBRE, 2009
MR. BOJANGLESCierto. se trata de una "revolución sin justicia." hoy en día 5 de cada 10 mexicanos son pobres.