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Cuarta noche de teatro en el CCU: una crónica
Es la húmeda tarde de un día lluvioso. Algún tipo de idea romántica me incita a caminar a través del verde de esta zona del Campus para llegar al Centro Cultural Universitario. Desde que lo conozco siempre me ha agradado este lugar, me gusta, por ejemplo, cómo los edificios parecen emerger de entre las plantas.
Voy poco más de una hora temprano, ni mucho, ni poco, creo, considerando que la entrada es libre…
Falta exactamente una hora y ya hay una fila considerable, creo que cualquier cosa distinta me hubiera extrañado. Como es de esperar, también, el público es homogéneo. No falta, claro está, la “señorita” que, queriendo proteger su lugar en la fila, como si éste fuese el único territorio que valga la pena poseer, resulta insoportablemente descortés. Los personajes están en todos lados, no sólo sobre el escenario, o quizás los escenarios, están en todos lados.
La Noche de Teatro, me he informado, es una especie de fiesta con la cual se da inicio a la temporada de otoño del teatro universitario. La idea es que durante una sola noche se presentan las distintas obras que conformarán la cartelera de la temporada. La entrada a los espectáculos de esta noche es libre, con lo cual se pretende diversificar el público al cual llega el trabajo aquí presentado y, claro está, difundir la propuesta teatral que se manejará durante la temporada, así como difundir la función social del teatro como disciplina.
El tema de la Cuarta Noche de Teatro, pretende ser la diversidad, explorada desde el hecho que los directores participantes (Jean-Frédéric Chevallier, Joseph Danan, Matthieu Mével, Rubén Ortiz y Victor Viviescas) provienen de distintos lugares del mundo, hasta la cualidad de que todos buscan la oscilación entre distintas disciplinas para construir sus montajes; así, el cuerpo, la luz, las texturas, la escritura, etcétera. Cobran una importancia peculiar dentro de la representación. Esta temporada está marcada por el sello de la experimentación escénica.
“La verdad está bien rica la experiencia” dice una compañera de fila a los amigos que la acompañan. Por mi parte encuentro que también me causa gran curiosidad dicho momento.
Son las 7:00 pm, hora que comience la primera obra: “A breaking down and a multiplication of tissue”. Supe que había disponibles 450 entradas y la sala está llena, por lo cual supongo que se agotaron. La luz, el cuerpo, pero sobre todo las texturas (visuales, táctiles y sonoras) son, sin duda, los elementos clave de esta obra. Lo que han montado Jean-Frédéric Chevallier y Matthieu Mével es un espectáculo que busca desafiar las convenciones de la narrativa, y lo hace.
El punto de este montaje, entonces, no puede ser otro que dejarse llevar por las sensaciones que abordan al espectador y no intentar comprender lo que se nos cuenta (pues seguro no existe la intención de relatar).
Al final se me ocurre que si hubiera ido temprano a la cama y hubiera soñado, un sueño muy líquido y azul, probablemente éste luciría como “A breaking down and a multiplication of tissue”. En realidad tal vez si dormí un poco.
Ha terminado la obra y todos tenemos que volver al exterior. Ya es de noche y es fría y húmeda, seguramente muy inhóspita para esperar afuera, en la fila, hasta la próxima función. Por supuesto que existen los espectáculos intermedios y decido entrar a una proyección de la cual al final no me he enterado bien. Concluyo que estos intermedios no son tan interesantes que digamos. Existe también la opción del concierto de música experimental, tal vez lo pruebe después, pues, aún con agua encima y debajo de nosotros, la fila ha vuelto a formarse y bastante larga. Mientra esperamos me tomo un café caro y no tan bueno, y me fumo un cigarro, ése si lo disfruto bastante.
Son como tres horas las que han pasado, tres de doce, seguro que eso lo pone a uno a reevaluar la “experiencia”.
A las 11:00pm comienza la segunda obra “De qué otra cosa hablar” dirigida por Rubén Ortiz. Cuando visité “Desvío al rojo” de Cildo Meireles, recuerdo haber sentido una extraña sensación como de angustia o incertidumbre. Esta noche, en este teatro reconozco esa sensación y no me extraña Ortíz se haya inspirado en la pieza de Meireles. Se me ocurre preguntarme si como humanos podríamos cuestionar un color, aunque sea con la mitad de la fuerza que éste puede cuestionarnos a nosotros, como se hace notar en la obra.
En esta obra las palabras cobran una fuerza peculiar, casi agresiva. Éstas combinadas con los mecánicos movimientos (que son casi una torpe coreografía), con el fantasma del tiempo que no se logra comprender, y con el penetrante rojo que nos envuelve, seguramente busca provocar una introspección temerosa, un cuestionamiento sobre la dinámica de nuestro propio existir. No debe ser gratuito que la participación del espectador, su irrupción en escena, tenga un lugar tan importante en la presentación.
Finalmente he decidido asistir al concierto de música experimental en el intermedio. Me doy cuenta de que muchos, como yo, se han buscado un pedazo de piso seco para sentarse, aunque lo seco, en este punto, ya no se siente precisamente como tal.
La verdad entiendo poco de lo que hace este músico. Logro distinguir ciertos sonidos comunes que, por como son colocados, se desautomatizan y entonces ya no es fácil reconocerlos como antes. Todas las mezclas permanecen en el registro de los agudos y me pregunto por qué habrá hecho esta elección. Lo que me gusta bastante es la iluminación.
En la antesala de “Police Machine”, la obra de las 2:00 am, el bullicio es significativamente menor al de horas antes. Puedo ver como a casi todo mundo se le escapa más de algún bostezo, algunos están sentados en el piso y se cubren con cobijas que, precavidamente, han traído para la ocasión.
“Police Machine” de Joseph Dann, es la única obra de la noche que cuenta claramente una historia. El tema principal es la violencia, su fuerza y el caos que es capaz de crear.
Así, es en torno a la idea de violencia que se genera una dinámica vitalidad en escena, a la vez agresiva y jubilosa. Toda esta fuerza que ha sido desprendida de los actos violentos que se representan llega e impacta al espectador con gran intensidad.
Impresionante que sólo la menor parte del público ha desistido de quedarse hasta la última función. Sin duda a todos se nos dibuja el cansancio de una noche de vigilia en la cara. Pienso, es una fiesta rara, pues uno no tiene la actividad necesaria como para poder ignorar el hecho de que no ha dormido en bastante tiempo. El frío y la lluvia, por su lado, seguro que contribuyen a no poder ignorar el cansancio.
A las 5:00 am se presenta la última obra de la noche: “Heteroglosias” de Victor Viviescas. De entrada puedo criticar que hayan decidido programar esta obra como la última del programa, pues sin duda demanda un cierto esfuerzo de sus espectadores para construir el sentido de lo que quiere transmitir: “el desplazamiento y desterritorialización del evento teatral y la interrogación por el testimonio y la memoria”, pretende ser una elaborada reflexión sobre el concepto de la presencia. El cuerpo, entonces, cobra toda la importancia, es testigo, es habitante, es medida. No hay relato, solamente hay interrogantes que no se enuncian, y que nos posicionan entre el estar y el no estar…
Y en estas cosas pienso mientras intento regresar a mi casa, aún en medio de la noche, antes de que el transporte público comience a funcionar. Una noche de teatro. Ésta es una madrugada bastante agradable, pienso, y ya en camino sigo intentando evaluar “la experiencia”.
Todas las obras de la temporada de otoño se presentan en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario, de la siguiente manera:
“De qué otra cosa hablar”
Sábados/19:00 hrs. y domingos/12:30 hrs.
“A breaking down and a multiplication of tissue”
Miércoles/20:00 hrs., domingos/18:00 hrs.
“Heteroglosias”
Jueves y viernes 20:00 hrs.
“Police-Machine”
Sábados/12:30 hrs.
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