Condiciones laborales urbanas en el periodo pre revolucionario

08 Octubre, 2009
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Felipe Flores
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Escrutinio No. 35

[b]Isabel Díaz[/b] Una de las diferencias más profundas entre el pensamiento liberal y el conservador fue la de la industrialización; el conservador estaba convencido que para llegar a la modernización del país habría que fomentar la industria de transformación de materias primas. De esta manera se fundaron talleres textiles desde la década de los treinta del siglo XIX, pero fueron quebrando con el paso del tiempo, sobre todo ante la enorme competencia que significaron potencias textiles como la inglesa. Uno de los máximos problemas en la industria de transformación mexicana fue la adquisición de maquinaria, pues en México no se desarrollaba tal tecnología, por lo que era necesaria su traslación desde otros países, lo que resultaba excesivamente caro. Y como repercusión, los costos de los productos se elevaba al grado de ser más baratos los extranjeros que los nacionales, como ejemplo tenemos los textiles ingleses, que durante la época porfiriana fueron mucho más accesibles que los mexicanos. De esta situación se aprovechó la industria inglesa, abaratando aún más sus productos para quebrar a más y más productores. También quedó arruinada la manufactura artesanal, cuyos productos se convirtieron en artículos de lujo. Si bien se fundaron otras fábricas en la época de Díaz, la minería y la agricultura siguieron siendo el sostén de la economía mexicana. Hacia los años setenta y ochenta del siglo XIX, se fundaron industrias en Guadalajara y Orizaba, este último, camino entre el puerto de Veracruz y la Ciudad de México, en Tlaxcala también se fundaron industrias, pero se mantuvo más la producción artesanal. En el norte, la creciente ciudad de Monterrey también fundó industrias de transformación, entre las más importantes la Fundidora. Estas industrias permitieron la formación de un sector de la población que vendía su fuerza de trabajo, esta nueva clase trabajadora llegó a estar presente en un 10% dentro de los porcentajes de población frente a un 80% de gente del campo. Esta minoría resultó muy maltratada mediante los bajísimos salarios que recibía, con lo que apenas podía sobrevivir, esto no fue una situación exclusiva del trabajador mexicano, sino parte de la cultura obrera en todo el mundo industrializado. Para el capitalista, entre menos invirtiera en la mano de obra, mayor ganancia recibía, si lograba ahorrar en la inversión, mas grande sería su beneficio. Este es el pensamiento del inversionista, ve a la mano de obra como un factor más dentro de la producción, dejando de ver personas con necesidades. No había leyes que protegieran al trabajador ante sus jefes, cualquier acuerdo se quedaba en un nivel patrón-trabajador. La migración del campo a la ciudad, por la precaria situación rural, de la que se mencionó con anterioridad1, provocó que la mano de obra se abaratara y desembocó en una situación laboral deplorable; no existía un día de descanso pagado, ni sistemas de indemnización por accidentes, no había prohibición de trabajo infantil y qué decir del apoyo a las madres trabajadoras. Sin embargo, a diferencia del campo, la cultura laborar urbana comenzó a identificarse con las corrientes de corte socialista, pues encontraban en ellas propuestas para mejorar la situación, como la expropiación de la propiedad privada, sustituida por la colectiva. Estas corrientes de pensamiento socialista importadas de Europa, las cuales hacían una crítica al sistema de producción capitalista y buscaban mejores condiciones de trabajo llegaron a una población mexicana que en su 80% era analfabeta, por lo que los obreros lograron organizarse para permanecer después de la jornada laboral a escuchar la lectura de estos textos socialistas o alguno de los trabajadores leía mientras los demás continuaban con sus actividades. Ya para el siglo XX llega a México una corriente que es la anarquía sindicalizada, que consiste en reunir la fuerza de los trabajadores para lograr un mejor futuro, donde todos trabajan según sus necesidades y según sus capacidades. Sin embargo, sus alcances ante la dictadura fueron truncos y acabaron prácticamente extintos, los trabajadores eran vigilados para que no surgieran líderes. Tanto en el campo como en la ciudad, en todos los centros de trabajo, a pesar de la modernización que el estado alegaba haber logrado, se aplicaron fórmulas para retener al trabajador precapitalista, como la tienda de raya, que eran un servicio que los propietarios ofrecían a sus trabajadores; que en realidad, como es bien conocido, fue un mecanismo de control y una forma doble de hacer negocio, pues muchos de los salarios no se pagaron en moneda fraccionaria, sino en vales para la tienda de raya, además de que se fiaba de manera que el empleado no se pudiera ir sin saldar su deuda. La tienda de raya fue un problema tan profundo que su abolición fue parte de las demandas en la Revolución Mexicana. En los ferrocarriles no tenían tienda de raya pero si las haciendas, las fábricas y las minas. Además del crecimiento de la población obrera urbana, surge y crece rápidamente un sector medio en las ciudades, que era un grupo muy minoritario y que crece durante el periodo de Díaz, esta clase media estará compuesta por oficinistas, dependientes, los miembros de la industria de servicios, pequeños comercios, etc. con el crecimiento de la población y las reformas a la educación de Justo Cierra hubo la necesidad de abrir más escuelas, instalar un eficiente alumbrado público, ampliar el transporte urbano, entre otras necesidades. Además cabe señalar que este sector terciario tiene necesidades de habitación, vestimenta, alimentación, etc. distinto al del campesino y del obrero, entonces permite una retroalimentación dentro de la misma clase emergente. Gracias a esta clase media las ciudades se embellecieron, se habilitaron nuevos puertos, ya que se abrieron nuevas vías de mercado, dándole al país un sentido de modernidad a la que tanto aspiraba el gobierno porfiriano. Todo parece marchar bien mientras se voltee a ver a la clase media y a la clase alta, mientras se ignore y se acallen las necesidades de los trabajadores del campo, a quienes les habían usurpado sus tierras y mientras se dé la espalda a la emergente masa de obreros que cada día se informan más sobre la situación del obrero a nivel mundial. Como se puede vislumbrar con este panorama, la situación laboral en el país era una olla exprés, que si bien ponía en riesgo a un régimen tambaleante, no tenía la suficiente fuerza para explotar por sí mismo. Por lo que será necesario hablar de uno de los problemas que pusieron en jaque al gobierno de Porfirio Díaz y que será fundamental para la organización revolucionaria: la prensa de oposición.
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Comentarios

  1. 1

    12 OCTUBRE, 2009

    DANIEL GRAFINO

    "el que no estudia historia está condenado a repetirla"... eso mismo sucede actualmente, caso concreto: compañía de luz y fuerza del centro.
    saludos

  2. 2

    22 NOVIEMBRE, 2010

    Cuales eran las condiciones en fundidora mty

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