Anticristo (Antichrist)

07 Octubre, 2009
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Escrutinio No. 35

[center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/nx6eq33.jpg[/img] Antichrist. Dir: Lars Von Trier.[/center] Anticristo. La emancipación del mal encarnada en un ente: la representación del sufrimiento, el miedo y la miseria condensados en una palabra. Desde tiempos inmemorables y en todas las culturas se habla del bien y del mal. Eso que los chinos llaman Ying Yang. Todo en esta vida tiene un lado de luz y un lado de oscuridad. A través de la historia el hombre siempre ha vivido en este místico equilibrio. Lo que Nietszche debía concebir como el espacio entre el bien y el mal. Lo que Dante llamaría cielo e infierno, donde el primero es gobernado por Dios y, el segundo, por el Diablo. Los occidentales cristiano-católicos o educados por Hollywood crecimos pensando que el Diablo es un ser rojo de cola y barba, con un trinche y quien vive en lo que los geógrafos llaman “magma” y que, además, está dispuesto a comprar nuestras almas en temporada de rebajas para llevarlas a este infierno. Sin embargo, eso sólo resulta una caricaturesca representación. En el libro del Apocalipsis le llaman Anticristo, la Bestia, el epítome de todo aquello que atenta contra nuestra integridad, el cual, auguran, llegará en la hecatombe del fin de los tiempos. El Anticristo. Ese del que se inspira Lars Von Trier para su nueva cinta. El prólogo me evoca a la tentación y al pecado original que nos condenará para siempre. Música de Handel y fotogramas en escala de grises nos preparan para el sufrimiento: el caos, la desesperación y la miseria, hundidos todos en un collage de oscuridad y silencio cuando el leguaje del cine se expresa con luz y sonido. Y manifesta esa vulnerabilidad del ser una vez que ha sido desterrado del paraíso, una vez que ha probado el fruto, no hay sino un arduo y tortuoso camino de dolor. El Anticristo está escondido donde nadie puede verlo, en lo más profundo de nosotros mismos. Somos autores de nuestras propias desgracias y no hemos aprendido a ver la muerte como algo natural. Nos aferramos tanto a la posesión de lo material que incluso atamos a las personas a nuestro lado, con tal de escondernos del demonio que habita en nosotros mismos, ese que no nos deja dormir. Buscamos en el sexo una catarsis antes que una sublimación; llegamos a ser tan dependientes que nos denigramos a nosotros mismos. Acumulamos objetos por el miedo que nos causa encontrarnos en solitud. El origen del mal está más allá del espejo. Está en esa rabia que se siente el saberse abandonado por la persona amada. Nos encontramos no sólo en la cúspide sino en cada arista y el centro de una pirámide de infortunio y desolación. La historia se centra en la relación de una mujer (Charlotte Gainsbourg) quien después de perder en un accidente a su primogénito, es llevada por su esposo (William Dafoe) al Edén, una cabaña en medio del bosque donde pasaron el último verano con el pequeño, esto con el fin de ayudarla a recuperar la paz y la tranquilidad que ha perdido. Interesante también es que los personajes carezcan de nombre, de identidad. Allí, la mujer comienza a experimentar una serie de patologías psicológicas derivadas de la depresión, arrastrando a su esposo en un torrente de caos y desesperanza. Escalofriante no por grotesca, no por sanguinaria, más bien, porque desnuda el alma de la primera actriz quien se hiciera merecedora de la palma de oro en el festival de cine de Cannes por este papel, arranca todos los antecedentes de un referente y nos deja con el más temible de los monstruos, con el único del que nadie nos puede salvar, nosotros mismos. Eso es lo que Von Trier pinta como Anticristo, aquel que llegará en el fin de los tiempos causando dolor a su alrededor. No es una película de horror ni un thriller psicológico, sino el reflejo de esos seres que claman al sexo por costumbre, adoradores de sí mismos, frágiles y sórdidos en un mundo postfreudiano. Iconoclasta. La obra de Von Trier siempre ha tratado de alejarse de todo simbolismo, por ello, Anticristo resulta una interesante experiencia, cómo se trata uno de los íconos más antiguos y con más representaciones en la historia moderna sin representarlo en un símbolo, una idea o un personaje. Un trabajo brillante, tan bello, tan grotesco. Fascinante y tormentosa de principio a fin. Con una inmaculada fotografía, para una sociedad turbia. Así, la perfección de sus imágenes conviven con lo torcido de sus pensamientos... y el demonio nos lleva de la mano al cielo.

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