Inglorious Basterds

08 Septiembre, 2009
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Escrutinio No. 33

[center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/ifgq90z.jpg[/img] "Inglorious Basterds", 2009. Dir. Quentin Tarantino.[/center] Cada año, películas sobre la Segunda Guerra Mundial invaden las pantallas de cine cual gripa decembrina, como si no hubiera otro periodo de la historia de donde colgarse para realizar cintas. En los últimos años ese fragmento de la historia, visto desde cualquier perspectiva, se ha convertido en la panacea de la cinematografía. Los críticos de la academia sienten tanta compasión por los pobres y martirizados judíos que en todas las entregas del Oscar siempre les dan algo. Este año, Quentin Tarantino corrió el riesgo de hacer una película con tal tema, riesgo porque toma a los judíos no como víctimas de los crueles nazis, sino como bastardos malnacidos y sedientos de venganza, muerte y destrucción. Esto es plausible en el filme, pues a pesar de tomar el gastado tema le imprime su sello de violencia y humor negro. El resultado: Inglorious Basterds, la sexta película del realizador (Kill Bill es una película larga en vez de dos). Inglorious Basterds es interesante porque presenta dos historias paralelas de judíos llenos de ansias de venganza. Por un lado la joven Shosanna, quien en su adolescencia escapara de la masacre que acabó con su familia, la cual años más tarde planeará un genocidio. Por el otro, los bastardos, un grupo de judíos americanos liderados por el teniente Aldo Raine, enrolados en el ejército y cuya única misión en la vida es hacer la muerte de los soldados nazis algo lento y doloroso. Desde Deathproof (2007), o quizá desde la segunda parte de Kill Bill (2003), Tarantino hace guiones más elaborados y se concentra tanto en la reflexión de cada personaje, que sus cintas llegan al punto de aburrir en algún momento, pues están cargadas de monólogos largos y referencias a otras cintas que resulta difícil seguirle el paso. No obstante, al igual que en las susodichas cintas las escenas de acción son el ápice de su trabajo: imágenes cargadas de esa violencia tan morbosa tan recurrente en el cine gore de los años 70 y 80. Brad Pitt interpreta al Teniente Aldo Raine, famoso por torturar sin inmutación alguna a cuanto nazi le obstruya el camino en su búsqueda del Fürer. Pitt, sin embargo, trata de ser lo que en su momento fuera Samuel L. Jackson en el papel de Jules Winnfield y su Royale with cheese para Pulp Fiction, aquel ladino que mientras mata encuentra en cosas burdas profundos temas de reflexión. Aunque esta fórmula ha sido exitosa, en varias cintas de Tarantino, esta vez el papel le queda, no grande sino forzado. No existe una sensación de ver a un Aldo Raine, más bien en pantalla hay un Brad Pitt con una actitud tan falsa y forzada como su bigote. La cinematografía Hollywoodense nos ha enseñado que solamente Rob Zombie sabe hacer remakes de clásicos porque les pone muchas tripas a donde antes no había. Inglorious Basterds, a pesar de estar inspirada la homónima de 1978 del director italiano Enzo G. Castellari, no es un remake como tal, es más bien el homenaje que rinde Tarantino a Castellari, a las cintas de guerra y a la violencia por violencia. Esta cinta puedo haber sido mejor.

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