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Ponyo en el Acantilado
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"Ponyo." Director: Hayao Miyasaki. Japón, 2009.
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De niño yo era un chicuelo que leía libros y jugaba a hacer experimentos químicos con juguetes “Mi Alegría”; sin embargo, con el paso de los años fui poco a poco estupidizándome con cerveza, videojuegos, tarjetas de crédito y pornografía.
No sé si pasó rápida o lentamente pero dejé de ser la infantil criatura y la inocencia se acabó. Parece que este tiempo de ingenuidad en los niños de hoy va de muy corto a nulo, por ejemplo; a los 6 años, además de la citada marca de juguetes educativos, tenía bloques LEGO pirata porque los originales eran muy caros para ser costeados por los reyes magos, con ellos pasaba horas y horas creando mi imaginación estilo los Muppets baby. Hoy, mi primo de 6 años disfruta de golpear prostitutas y robar taxis en alguna versión del Grand Theft Auto para Playstation y piensa que los cuentos de hadas son para retrasados o para maricas.
Del mismo modo que ocurrieron estos cambios en mi y en mi primo, en algún momento de la historia, justo al final del siglo pasado, la industria cinematográfica encontró en la violencia el epítome del éxito a corto plazo, tripas, sangre, muerte y asesinatos escabrosamente cometidos fueron llenando nuestras pantallas de restos de cerebros humanos, nuestros cerebros humanos fueron convertidos en conformistas de ideas repetitivas copiadas de clásicos del terror japoneses o coreanos. Nos volvimos insensibles seres insaciables del sufrimiento ajeno. Mientras los nipones armaban obras de arte con sus bloques “pirata” los americanos les copiaban con sus LEGO marca registrada sin mérito pero con más efectos especiales.
Ponyo en el Acantilado es el último filme del director japonés Hayao Miyazaki, quien regresa después de algunos años de ausencia para entregarnos un trabajo que rompe con algunos cánones de la cinematografía actual, el primero es encontrar en los niños pequeños ese público que hasta ahora sólo había sido explotado por la televisión y el videohom.
Miyasaki también rompe el esquema de que el cine japonés es igual a ninjas destripándose. Rompe con el esquema de la animación 3d y gloriosamente regresa a lo tradicional: dibujitos simples que lo consagraran durante los años 80 con filmes como mi vecino Totoro, alejado de la alta tecnología de sus últimos trabajos El Viaje de Chihiro o el Increíble Castillo Vagabundo donde abundaban la profundidad de campo y la perspectiva en tercera dimensión.
Miyasaki siempre encuentra la perfecta armonía entre los humanos y la naturaleza, sus personajes siempre son dioses, demonios o seres místicos que representan a los océanos, el viento, el fuego o algún otro elemento que convive con los niños.
Esas inocentes criaturitas que no están viciadas por resentimientos o prejuicios. Ellos escuchan, ven y aprecian los sentimientos del entorno que los rodea, un mundo maravilloso en el que el mal es un precedente del bien. Una característica de las películas de este director es la incursión de personajes muy felices de sí mismos y de lo que tienen en mundos cuasi destruidos por guerras o desastres. La felicidad y el orden dentro del caos.
Ponyo en el Acantilado es un híbrido entre la Sirenita (De Andersen no de Disney), un cuadro de Remedios Varo y un cortometraje de Buñuel de finales de los años 20. La historia se desenvuelve después de que un pequeño pez (hasta ahora sin nombre) decide salirse de su arrecife y explorar el mundo, luego se encuentra con Sosuke, un niño de 7 años quien vive a la orilla del acantilado donde encalla. El niño decide llamarle Ponyo a su nuevo anfibio, luego lo lleva consigo a su escuela donde 3 de sus abuelas están encantadas pero una cuarta está segura que el bichito traerá una maldición náutica.
Después de escapar, Ponyo es capturada (porque nos enteramos que es ella y no él) nuevamente por su padre quien es una especie de brujo medio pacheco que viaja por el océano en una burbuja sobre efímeros peces que parecen derretirse con cada nado. La historia es simple, la voluntad del pececillo y los sentimientos que tiene hacía el niño convierten a Ponyo en una pequeña niña después de probar la sangre de su amigo. Juntos aprenderán la responsabilidad del trabajo en equipo y lo importante que es estar bien con los demás. Podría pasar horas resumiendo esta cinta pero la dejo a su criterio. Mientras tanto les dejo mi opinión:
Una película no necesita grandes efectos, ni grandes presupuestos, sólo grandes ideas. Una idea muy simple puede convertirse en algo muy grande.
“Bonita”.
¿Ustedes cuándo perdieron la inocencia?

29 AGOSTO, 2009
JAIMEA mi me sigue gustando heidi, me parece que la inocencia es super wow, porque vives la vida como tiene que ser, sin odios y rencores. el problema es que en este mundo no podemos ser así porque si no sobrevivimos.