Todo comienza en un tren

13 Julio, 2009
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Jeremy Ocelotl Oviedo
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Escrutinio No. 29

 

 

Como todo buen romance (o al menos uno que valga la pena ser relatado y visto en la pantalla grande) “Antes del amanecer” (Linklater, 1995) involucra un tren y por ende una estación de trenes en su trama, los cuales son el engranaje que eche a andar el motor de la historia de amor.

Así como en “Un Hombre y Una Mujer” (Lelouch, 1966) Anne Gauthier conoce a Jean Louis Duroc por culpa de un tren que no pudor abordar y en “Brief Encounter” (Lean, 1945) Laura conoce al doctor Alec Harvey del cual se enamora y con el cual comenzará un amasiato en una estacion del susodicho transporte , “Antes del Amanecer” hace uso de este recurso, ubicando a nuestros protagonistas en un tren que cruza Europa, en el cual se conocerán y comenzarán su romántica aventura.

Celine (interpretada por la hermosa y cada vez más bella Julie Delpy) lee su libro mientras el tren sigue su camino a la siguiente estación, Viena. Mientras tanto Jesse (un muy jóven Ethan Hawke) hace lo mismo en el extremo opuesto del vagón.

Súbitamente una pareja alemana comienza discutir cerca de Céline interrumpiendo su lectura, ella decide cambiar de asiento y termina en el lado opuesto del pasillo donde conocerá a Jesse.

Jesse comienza la plática. Ambos están nerviosos, juntos van al carro comedor y ahí Jesse convencerá a Celine de acompañarlo en su último día por Europa en Viena.

Si bien la anterior descripción tiene todos los elementos para que el lector piense en un romance cliché como cualquier otro, lo más atractivo del filme de Linklater es precisamente lo atípica que resulta la travesía de nuestros héroes por su honestidad y sencillez.

Ambos personajes se encuentran en sus veintitantos, buscándose a sí mismos y entrando plenamente en la adultez.

Sólo tienen un día para descubrirse y que los descubramos. Celine es francesa, piel blanca, cabello rubio, penetrantes ojos claros, sonrisa enloquecedora, una gran avidez de vivir, curiosa, supersticiosa, romántica, independiente.

Jesse por su parte, es un joven americano, con look de galán, cínico, espontáneo, cerebral, infantil.

El paisaje idílico es Viena, una ciudad hermosa, que bien en la fotografía de la película no resulta tan sorprendente. Lo cual es intencional, pues Linklater procura que la ciudad sea el fondo y no opaque a los personajes y sus sentimientos; lo importante son Celine y Jesse, cómo se miran, cómo se tocan y se conocen: la relación que se va forjando entre ellos.

Es cierto que no faltan los momentos “Kodak”, como aquel en que se encuentran en la rueda de la fortuna y Jesse le pide un beso a Celine. Y son precisamente los diálogos y manierismos la parte medular del filme: la forma en que Jesse se pone nervioso al pedir un beso y comienza a describir el ambiente sin atreverse propiamente a pedirlo, o la forma en que se controla cuando quiere comenzar a bailar al ritmo de la danza del vientre que con tanta atención observa Celine.

La manera en que Céline exige una respuesta que vaya más allá de un simple “no” o “sí” al momento de preguntarse sobre sus vidas, su entusiasta actitud hacia la mujer que lee la mano o la forma en que simula hablar por teléfono con su mejor amiga para poder decirle a Jesse lo que siente por él.

Son todos estos detalles los que hacen que los personajes cobren vida y los vuelvan tan naturales y fácil de identificarnos con ellos. Se trata simplemente de dos jóvenes que tiene un encuentro por casualidad y se enamoran. La historia no trata de trascender en otro sentido, es un relato por demás íntimo donde los únicos personajes son ellos y los extraños que van encontrando en el camino.

 Lo único que tienen es un día. Es cierto, hay cafés, caminatas junto al rio, poemas, vino, etc… pero ellos hablan de lo que cualquier joven hablaría, discuten sobre el amor, las generaciones pasadas, lo horrendo que se encuentra el mundo, sus decepciones amorosas o cosas que los irritan.

No se trata tampoco de jurarse amor eterno puesto que todo el romance llegará a su fin con el amanecer, mientras sigue latente la duda del amor como algo que puede darse en un solo día, miradas esquivas, un “te quiero” que no se dice que muestran el miedo de nuestros protagonistas al amor y el adiós que conlleva.

Los lugares son paradisiacos, más no hermosos per sé , esto queda demostrado una de las últimas escenas de la película; donde ya de día se muestran todos los lugares que visitaron ya sin ellos y aunque siguen siendo bonitos faltan Celine y Jesse que son quiénes hacían tan especiales los lugares y momentos en primer lugar.

El filme concluye con un final abierto, con la promesa de un nuevo encuentro y con nuestros protagonistas tomando caminos distintos, esperando al igual que nosotros, que este no haya sido un romance de una sola noche.

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Comentarios

  1. 1

    13 SEPTIEMBRE, 2009

    ANGIE

    Me gustó mucho tu artículo ya que al reseñar el filme haces comentarios que te llevan a la recreación de escenarios y a la reflexión de lo que cotidianamente se conoce como amor.

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