Si Octavio Paz viviera…

30 Junio, 2009
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Drusila Torres Zúñiga

Escrutinio No. 28

[center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/q9bbclj.jpg[/img][/center] Octavio Paz falleció hace ya once años. En esa época, en México era presidente Ernesto Zedillo, es decir, que todavía no conocíamos el gobierno “del cambio” ni al “presidente del empleo”. No se puede asegurar nada, pero quizá Paz, crítico constante e incansable, en un principio, como la mayoría de los mexicanos, hubiera estado a favor del cambio, aunque seguramente tres días después se hubiera convertido en detractor. Mi generación quizá está poco relacionada con la obra de Paz, ya que para cuando él murió apenas éramos unos niños. No obstante, este artículo se convierte en una invitación a conocer más sobre la ensayística del Premio Nobel mexicano, porque en él podremos dilucidar la pregunta que actualmente nos hacemos (creo): ¿Por qué México está como está y parece no haber salida? Octavio Paz, en su libro dedicado a la vida y obra de la décima musa, titulado Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe (1982), puntualmente destaca un grave error en la historia de México: cuando surgió el movimiento independiente, a pesar de que éste enarbolaba el “crecimiento del Estado central a expensas de las autonomías locales […] y una misma ley para todos y todos iguales ante esta ley” (Paz, Las trampas, p. 33, este tipo de ideología, era de facto, incongruente con la idiosincrasia mexicana, pues a un Estado-Nación correspondía una cultura laica, pero sabemos que en México nunca se han podido desvincular el Estado y la Iglesia Católica, lo cual impide que se pueda ejercer una verdadera democracia. Este contexto de disparidad e incongruencias ideológicas fue el que tuvo durante la Revolución de Independencia, después de la cual “en la realidad, México siguió siendo un Estado centralista y patrimonialista: no tuvimos reyes sino caudillos y dictadores constitucionales que llamamos presidentes” (p. 62). Como diría Paz, en México se adoptó pero no se adaptó una ideología extranjera. Dicho motivo parece ser característico de la política mexicana, por eso nos han parecido irónicas y atemporales medidas como la pena de muerte o la legalización de las drogas en un país donde la muerte no sólo significa un castigo, sino que se prefiere tomar como venganza cruel, brutal y casi como acto caníbal; además de que la legalización de las drogas no resolvería el fuerte problema de corrupción que aqueja a este país desde el inicio de su independencia. Asimismo, suenan controvertidos los debates entre la sí y no privatización del petróleo u otros recursos nacionales, que por un lado incluirían a México en la dinámica global, pero como siempre, sólo enriquecerían a unos pocos. En otro momento, Octavio Paz, en su libro llamado El laberinto de la soledad (1950), destaca el tercer movimiento que trató de incluir a México en la Modernidad (el primero fue la Independencia, el segundo la Reforma Juarista), la Revolución Mexicana, la cual: “Como todas las revoluciones modernas, la nuestra se propuso, en primer término, liquidar el régimen feudal, transformar el país mediante la industria y la técnica, suprimir nuestra situación de dependencia económica y política y, en fin, instaurar una verdadera democracia social” (Paz, El laberinto, p. 156). Sin embargo, también corroboramos aquí que el “progreso” buscado con este tipo de revoluciones (sobre todo en los países en vías de desarrollo, como el nuestro, o en desarrollo estancado, como el nuestro, más aún, en desarrollo hundido, como el nuestro) son meros simulacros que sustentan únicamente a los dirigentes de los poderes políticos y económicos. Desde la época de la Revolución, años más tarde en la época cardenista y hasta ahora, las alianzas con el gobierno de los grupos aparentemente de izquierdas o proletarios es más que común. En el Estado Mexicano, hemos visto cómo los líderes se convierten “en profesionales de la política: diputados, senadores, gobernadores” (p. 160). De este hecho se deriva el gran problema de estos meses: si debemos o no depositar nuestros intereses en esos pequeños grupos de poder llamados partidos políticos. México no exige, pero necesita un proyecto político contundente, una reforma integral. De lo contrario, el país está condenado a no salir del hoyo en el que está sumergido. Es impresionante que a casi sesenta años de haber sido publicado por primera vez El laberinto de la soledad, nuestro país se encuentre prácticamente en las mismas condiciones que Octavio Paz señalaba: los campesinos viven en condiciones de miseria, carecemos de tierras cultivables, no podemos crear industrias, tenemos apenas una incipiente siderurgia, nuestro comercio exterior se equilibra con el turismo y las divisas (aunque ahora no podamos decir lo mismo dada la fuerte recesión de este año) (pp.159-162). México no sabe, pero necesita clavar los ojos de nuevo en los libros de Octavio Paz, ya que en ellos encontraremos la respuesta que se planteó al inicio de este artículo y quizá con eso podamos resolver con claridad el futuro. Si Octavio Paz viviera… no es posible saber qué diría sobre ir o no a las urnas el próximo domingo y si al asistir lo debiéramos hacer para votar o anular el voto. Lo que sí se puede afirmar, es que aconsejaría que cualquier acto fuera previamente pensado, estrictamente analizado y profundamente sometido a escrutinio.
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Comentarios

  1. 1

    30 JUNIO, 2009

    RAUL PANIAGUA

    Oye gracias por el articulo, nunca imagine q te importara la politica jaja, mis respetos cada vez me agradas mas jaja buen articulo hay q divulgarlo porq solo educando a un pais puede salir adelante jaja cuidate

  2. 2

    01 JULIO, 2009

    JESúS GóMEZ MOR Dijo:

    Me da gusto drusila, que te hayas animado a externar tus opiniones de acra al peor proceso electoral en años y que para ello utilizaras a paz. sólo espero que revises tu redacción.

  3. 3

    11 JULIO, 2009

    EDER

    Interesante como manejas tu artículo.
    aunque el posible manejo de elementos enfocados más a a cuestión cultural, como la identidad y definición antropológica del mexicano, como ente aislado y disperso, daría un mátiz más holístico a tu interpretación. de todas formas, interesante artículo.
    un saludo

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