Hábitos Alimenticios

17 Junio, 2009
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Escrutinio No. 27

Alguna vez John Cameron Mitchell me dijo: “En el cine hay que mostrar escenas fuertes desde el principio, algo grotesco o escandaloso que la gente común no aguante, así para el final de la historia los mojigatos y los santurrones se habrán ido, dejando sólo como críticos a los de amplio criterio”.

Esto fue hace algunos años cuando presentara su segunda película “Shortbus”, la cual iniciaba con explícitas escenas sexuales para explicar la irracionalidad del ser con respecto al miedo a la soledad en una triste historia, por eso, hoy rendiré tributo a Mitchell con mi columna, primero los golpes y luego la reflexión.

Oliver Hartwin es un hombre que en 1998 se comió a su amante Simon Grombeck, a quién había conocido a través de una red social en internet. Se encontraron por primera vez en un club nocturno. Posteriormente lo llevó a su casa, donde al final de la noche el menú de la cena sería para Simon 2 litros de alcohol con 50 somníferos, y para Oliver, Simon.

El cuerpo de la víctima fue encontrado desmembrado y sin genitales después de que Hartwin se los arrancara a mordidas mientras Smith aún estaba vivo y consciente, para posteriormente comerse el resto del cuerpo.

La romántica velada terminó convirtiéndose en una catarsis para ambos, los amantes se entregaron al máximo, no sólo durante el sexo. Los dos se desnudaron en cuerpo y alma al conferirse en el más solemne acto de amor todo su ser, todos sus miedos, todas sus alegrías de la infancia, todas sus frustraciones, y, lo más importante; sus deseos de sentirse vivos por lo menos una vez.

Hartwin encontró en Smith lo que buscaba y viceversa, entonces; ¿Es Hartwin realmente culpable de un crimen o quizá su único crimen es la incomprensión social? La estudiante Katie Armstrong retoma el caso del llamado Caníbal de Rothenburg para presentar su tesis en psicología criminalística e indagar el porqué de los hechos, toma sus maletas y después de investigar en el pasado de ambos; viaja al lugar para vivir en carne propia la historia y comprender la mente no sólo del asesino sino también de la víctima, quien voluntariamente aceptó el trato de ser devorado.

Así, nos demuestra lo que todos los psicólogos nos quieren demostrar y de lo que tanto se quejaba Bree Van de Kamp sobre la teoría de Sigmund Freud: Las patologías de la mente, son repercusiones de los problemas de la madre y se reflejan en la conducta del individuo socialmente inadaptable.

Grombeck fue testigo del suicidio de su propia madre, mientras que Hartwin vivió toda su infancia y adolescencia con los problemas de drogadicción de la suya, el abandono de su padre y la esquizofrenia. Tal vez la homosexualidad de ambos no resultase tan ajena en su historial clínico, sin embargo, las filias que practicaban iban más allá de cualquier anormalidad registrada.

Katie desenmaraña esta triste historia mientras va hilando macabramente la propia, convirtiéndose en víctima de su propia mente.

Aunque parece que ya conté toda la cinta y rompí mis propios lineamientos de columnista cinematográfico, nada está más alejado de la verdad. El director toma como referente la historia de Hartwin como el hilo conductor de la película, la trama no gira ni siquiera en Katie, más bien propone una reflexión sobre la normalidad. Hasta que punto uno se convierte en víctima de su propia mente.

Es una cinta sobre una catarsis tardía en un mundo fácil de escandalizar. ¿Quién es realmente el anormal? El que libera su catarsis o el que la reprime.

Grimm Love (Rohtenburg)

Martin Weisz

Alemania 2006

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