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Placer y tranvías
Rogelio Laguna
En memoria de Jaime Sabines y Mario Benedetti
Es memorable aquella tarde en que Jaime Sabines se sentó en el escenario del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México para ofrecer un recital de poesía. Aplausos iniciales y finales de diez minutos eran prueba suficiente de que el maestro Sabines estaba muy adentro de los corazones de los lectores que lloraban con él la muerte de su tía Chofi y de Doña Luz, lectores que se sumergían en el erotismo de Adán y Eva que Sabines había retratado en un entramado alquímico entre los cuatro elementos, y que sin duda se dejaban arrastrar al dolor de aquella sentencia acerca de los amorosos: que nunca podrán salvar al amor.
Porque el amor “es la prorroga perpetua”, “un silencio insoportable”, el tren que al pasar quiebra las maderas viejas y no se detiene. Pero ese es el camino que siguen los poetas: el del la nostalgia. Los poetas no se salvan, no quieren salvarse. Si quisieran salvarse no escribirían acerca de la tarde que termina, ni de aquellos amores que cuando acaban se vuelven nostalgia.
Los poetas escriben porque la vida está condenada a la vejez y siempre terminan abrazados por la muerte. Jaime Sabines lo expresaba muy bien al recomendar la visión de la luna a los desamparados, a los que no pueden dormir de noche, o a los que están presos. Porque nada nos protege de la muerte, ni las sábanas de seda, ni la espalda del amante que reposa entre ellas, ni el amor que se extingue como una lámpara de aceite que se apaga lentamente.
Conmovedoras las lágrimas de Jaime Sabines cuando recordaba a su tía Chofi en Bellas Artes, y le pedía que le contara la historia de sus enamorados, la llamaba lirio del campo y estrella solitaria, le decía con voz llena de sentimientos que “en el aliento del buey, en la mansedumbre de los arroyos, en la nostalgia de las ciudades, sería como la niebla intocable del hálito de Dios que despierta”.
Porque Jaime Sabines hablaba de Dios, de la misma manera que hablaba de su tierra sureña y de las mujeres que pintan colores en el aire al caminar por los cines y el tranvía de la Ciudad de México. Me encanta Dios, decía ya Jaime Sabines tres años antes de su muerte. Y de esa muerte han transcurrido 10 años.
Para Mario Benedetti, cuando Dios duerme, poetas y no poetas, nos enfrentamos a la libertad. Porque Benedetti es el poeta de la liberación de los pueblos, es el poeta de la revolución y de los caudillos valientes.
Es el poeta que recorre las palabras en busca de las más bellas para cubrir con ellos a los caídos en las dictaduras, a los que nunca volvieron del exilio, a los que nunca olvidaron las palabras ocultas en el lado oscuro del corazón ni en las montañas andinas.
Benedetti no temía, llamaba al amor: amor, y a la necesidad: necesidad, su corazón revolucionario no dejaba de alabar las manos de aquella mujer que moriría pero que trabaja por la justicia y la igualdad.
Corazones de roca y corazones de lucha transitaban en su pluma latinoamericana y nos recordaban la fragilidad de las vidas, el dolor de iniciar de nuevo y el gusto por encontrar sentidos nuevos y senderos profundos en cada palabra y en cada momento.
Por ello, para Benedetti, el amor y la poesía surgen también en la oficina, en el exilio y la vejez. Sin tregua y agradecido por el fuego Benedetti es, sin duda, la voz de una generación que se recupera de las dictaduras y que tiene que encontrar su identidad, su sexualidad, sus sentimientos más profundos y la eternidad de momentos comunes que no son para el poeta sino aquellos más poéticos.
Se ha ido hace unos días Mario Benedetti a aquél reino de los poetas que tal vez no existe. Se va con Sabines y con muchos otros que nos invitan a no salvarnos, a recorrer los caminos efímeros, a escribir con placer los días comunes y los tranvías.

22 MAYO, 2009
MARIUSOh excelente texto, sútil, bello, felicidades a rogelio laguna,
22 MAYO, 2009
EDERSolo pienso en algo simple: leerte es una plusvalía de placer...
22 MAYO, 2009
23 MAYO, 2009
VIAN RULE Dijo:Pues sin palabras la sutileza misma de estos poetas es impregnada por una vision afanosa del ansia misma que derraman sus textos... el tratamiento mismo de las letras transpira un impetu que sin embargo inunda el placer..... nunca terminas de sorpenderme.. bss muy buen texto
23 MAYO, 2009
CHUCHODoom mode: on